Desfallece el día, claudica su jornada.
Las estrellas cerúleas, en el cielo
ancho de prometidas tierras,
ostentan su brillo en la negrura.
Crece con la noche, mi tristeza mesurada,
prolifera, hasta que con el día muere,
como la gris bruma, en la mañana,
como la puesta del sol en el oeste.
¡Oh! alba luna, ¿serás tú, acaso,
la artífice de estas mareas,
de aire taciturno y de fuego brío,
que crecen y decrecen con las horas?
¡Oh! alba luna, ¿serás tú, acaso,
algún infecto bicho que el alma profana
y la posee, hasta concluir el rito?
¡Oh! alba luna, quiero beber de tu fuente,
antes de que la aurora nos encuentre.