No sé si les ha pasado en algún momento. Terminamos de almorzar y fui a dejar a mi hija al colegio acompañado de mi otra hija pequeña. Al regresar a casa habremos tardado una hora. Cuando volvimos comenzó a llover y le dije a mi hija si quería mimir “dormir” un ratito. “Shii”, respondió con sus propias palabras. Nos acostamos y la lluvia hizo que entráramos en un sueño rápido.
Al ir ingresando en el sueño, como todo ocurre tan rápido, me percaté de que estaba en una fiesta con un grupo de tres personas: mi cuñado, el tío de mi cuñado y su pareja. Algo pasó, no lo recuerdo bien, pero increpé a su tío dándole un puñetazo que lo hizo caer al suelo, donde continué golpeándolo. Salió mi cuñado e, igual manera, lo golpeé hasta tumbarlo y darle un golpe tras otro. Todo parecía lento en mi sueño, pero vivía cada impacto como si fuera real; veía el rostro de mi cuñado en el suelo. Me aparté y, en un instante sin lógica alguna, aparecí afuera de la casa del tío pidiendo disculpas por lo ocurrido con una torta de azúcar blanco con dulces. Cuando volteé, era mi mujer la que me había obligado a ir, pero en ese momento el tío me cerró la puerta en la cara.
De pronto, en un momento extraño, aparecí descansando con mi hija en la cama, pero mi sensación era que ya estaba queriendo despertar con fuerzas. Mi mente luchaba por levantarse; mis ojos querían abrirse, pero no podía, me sentía pesado y como si alguien más me mirara. Mis párpados no se abrían con naturalidad y sufría intentando ponerme en pie. Además, el lugar había cambiado: era el cuarto de mis papás donde vivía hace muchos años. Sentía que estaba luchando por abrir los ojos y, con las justas, me levanté de la cama y caí al piso y gateaba. Sentía el cuerpo tan pesado y una sensación extraña, como si alguien invisible estuviera junto a mí, haciendo el ambiente sofocante.
Con todas mis fuerzas me arrastré consciente y me apoyé en la cama donde estaba recostado. Vi una mano y la sujeté con fuerza, porque no era la mía; era como si me estuviera abrazando. Me levanté, por fin abrí los ojos y me vi sujetando un brazo con la mano. Anduve por el cuarto con esa mano, sabiendo que dentro de mi propio sueño me había esforzado por despertar. De pronto, vi en las esquinas arañas de todo tipo y con la mano las golpeaba. Era algo completamente fuera de lo normal: mi yo dormido luchaba por despertar y tomó esa mano y esta despierto en mi sueño.
En ese punto me desperté de verdad, desorientado, pero con el sentir a flor de piel, como si todo hubiese sido real. Después de analizarlo, me di cuenta de que tuve un sueño principal y que de ese sueño nació otro. Esto no es un cuento inventado, sino la vivencia de un sueño que ocurrió en menos de 40 minutos, haciéndome pensar en qué tan profundo puede calar la mente y por qué se siente tan real. Tal vez a ustedes les ha pasado lo mismo y es algo que quería compartir...