Cómo no podría haber sido de otra manera, me encuentro pensando en el oficio de escritora. En el arte de escribir, hoy, después de leer un cuento de Borges. Me puse a leerlo porque creí que iba a encontrar primero, mejor vocabulario y en segundo lugar más respuestas. Y con lo que me topé fue con más razones para escribir. Soy una ESCRITORA, y en otros que escriben siento que mi alma está en sintonía. Hay verdades/mentiras que quiero contar, que quiero experimentar y al menos en esta vida, la vía más directa para mi son las palabras. Llevo tantas atoradas en el cuerpo que salen como nuevas pecas sobre mi piel, aún cuando hace ya años que no dejo que me alcance el sol.
Me gusta la compañía de los libros, es relajante porque me desafían y hasta me ven, me conocen. Son los amigos más fieles que tendré jamás, y sé lo solitario que eso suena. Sin embargo, soy celosa de mi privacidad, de mi dolor. Quiero que me quieran sí, pero más quiero que se queden para yo llegar a quererme también. Ellos me esperan siempre y cuando los releo. Visito viejas versiones mías, las contemplo con sus dudas de antaño, sus enamoramientos. Que frases hicieron latir el corazón y cuales dejé pasar para que una YO futura las reconozca y las haga suyas.
Cuando escribo pierdo la vergüenza. Nada me asusta más que la falta de materia prima para darle consistencia a las emociones. Hay un haz de luz que conecta directo y sin escalas con ellos: los personajes. Me cuentan sus historias para una posteridad que debo asegurarles. No guardo sus secretos, les doy voz. Propicio sus cálidas cual imperio romano, les destruyo el mundo pieza por pieza para recrearlo bajo mi lupa. Si en el fondo de todo este asunto resulta ser que cada uno de ellos son la representación de un ansia dormida, un miedo hablador o la fatalidad del querer; esa es otra cuestión. Más alineada con la causalidad.
Quiero, necesito, anhelo, disfruto, me desvelo y devano los sesos por y para escribir. Si, sirvo para más cosas, puedo aprender sobre la marcha lo que necesite; pero el alma quiere lo que quiere. Me habla de conocimientos primarios y sobre ver la vida como ES y no es.
Rafagas de viento y brisas tranquilas, quieren admirar la belleza, la tristeza; y esa combinación entre ambas. Le gusta el mundo de la melancolía.
Nada puedo hacer en contra de eso, solo morir de necesidad y revivir cuando haya algo nuevo que contar.