Desconozco de donde salen estas voces,
aullidos de lobos feroces entre las fauces,
el miedo como semilla crece entre mis dolores,
árbol quemado y electrocutado sin razones.
Dominios de los demonios nocturnos,
atormentado con boletos y turnos,
ramas golpeando la ventana de mi cuarto,
marcando una hora sin importancia en el despertador.
Me matan por monedas de plata,
sangran mis manos de manera macabra,
ante la agonía no quedan palabras,
el silencio se anida en mis pausas agotadas.