Promesas.
Te hice creer en un mundo hecho para los dos,
sin detenerme a pensar en el final,
en aquel futuro donde tendría que decirte adiós
porque mi corazón ya caminaba hacia otro lugar.
Se me daba bien endulzar las palabras,
hacerte creer que cada promesa era sincera.
De labios hacia afuera supe cautivarte;
por dentro, sin embargo, todo en mí vacilaba.
Te hablé de eternidad como si pudiera ofrecerla,
como si el tiempo fuese mío para concedértelo.
Y ahora comprendo que aquellas palabras
no fueron más que quimeras vestidas de esperanza.
Fuiste un pasatiempo, lo admito.
Quizá por eso mi arrepentimiento suene vacío.
Sé que un «lo siento» no deshace lo ocurrido,
ni devuelve intacto aquello que rompí.
Aun así, perdóname.
No por haber elegido otro camino,
sino por haberte hecho creer
que alguna vez pensaría quedarme en el tuyo.