Año 2013.
Empezamos un proceso de salud en la vida de mi hijo.
Decido volver a Dios pero ya convencida que no había más oportunidades para mí.
Necesito un milagro, fue tanta la búsqueda que empecé a experimentar sueños y visiones.
Y a todos les contaba: Vi el mar muerto
Pero en medio de todo me di cuenta que a nadie le importaba o quizás no entendían.
Fue entonces cuando aprendí a callarme pero en la intimidad con Dios le decía: no importa, Yo te creo Señor!
Hoy ha pasado el tiempo.
Hoy mi frase cambió,
Yo te sigo Señor.
Porque creer en Dios es el comienzo pero seguirlo implica entrar en sus aguas.
Ezequiel 47:12 dice:
Y junto al río, en la ribera, a uno y otro lado, crecerá toda especie de árboles frutales sus hojas nunca caerán, ni faltará su fruto. A su tiempo madurará y su fruto será para comer y su hoja para medicina.
No sólo me mostró el Mar Muerto, también tuve otro sueño, una planta de limón, la cual caía agua del cielo y crecía aceleradamente. Llevó mi mirada al cielo y había un grifo gigante de donde salía el agua.
...Y junto al río crecerán todo tipo de árboles...
El que vi era uno de limón.
A veces la vida se presenta ácida pero Dios puede tomar aquello que tuvo sabor ácido y convertirlo en algo que da fruto.
Si la vida te da limones aprende hacer limonada🍋
Antes decía, Yo te creo Señor.
Hoy digo, Yo te sigo Señor.
Porque seguir a Dios también es aprender a permanecer junto a la ribera, aún cuando el camino haya sido difícil. Amén
Hasta el próximo devocional.
Sigamos a Jesús.