Cuando todo aprieta, Su presencia nos sostiene
Jeremías 33:3
Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.
¿Hasta dónde estamos convencidos de que Dios está presente en nosotros? En esos días en que todo se junta, que sentís que el agobio te pone contra las cuerdas en tu lucha diaria, el cansancio físico y el ruido mental nos quieren desconectar de lo esencial. Nos afanamos tanto por el sustento diario que nos vencemos y dejamos de escuchar la voz de Dios que nos dice: Clama, clama, "Soy tu proveedor, nada te faltará. Y si algo te falta, Yo te doy Fe y paz en tu corazón".
En ese momento de quiebre es cuando más tenemos que acercarnos, clamar, hablarle y decirle exactamente lo que nos está sucediendo, Jesús nos dio el antídoto perfecto .
Mateo 6:6, 11:
Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público... El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.
¡Qué tremendo pedido! Entrar al aposento no es solo buscar un lugar físico, es callar los pensamientos y apagar las preocupaciones. Él no te hará faltar ese pan, su alimento. Pero nos pide una dependencia diaria: el pan de hoy para las fuerzas de hoy. Buscalo diariamente y de corazón; aferrate a Su presencia y a Su palabra, y verás cómo te bendice y te recompensa públicamente en tu casa, en tu trabajo y donde sea que estés.
Porque cuando sentís que las fuerzas no alcanzan y que la escasez —sea de paz, de tiempo o de sustento— te acorrala, la Palabra te asegura que la provisión no viene de tus fuerzas limitadas, sino de Sus recursos ilimitados:
Filipenses 4:19
Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.
No pelees desde tu escasez. Cerrá la puerta, entregá tu carga hoy en lo secreto, y camina con la certeza de que Él completará exactamente lo que te falta. ¡Bendecido día!