Yo sé que puedo sola, pero tu amistad me salvó la vida mil veces.
Y quizá nunca te lo he dicho de la manera en que mereces escucharlo, porque no siempre encuentro las palabras para explicar lo mucho que alguien puede significar en mi vida sin siquiera darse cuenta.
Tú me conociste en días en los que ni yo misma sabía cómo estar conmigo. En momentos en los que sonreír era más fácil que explicar lo que me dolía, en noches en las que mi cabeza no me daba tregua y en esos días en los que solo necesitaba que alguien me escuchara sin intentar solucionar todos mis problemas.
Y ahí estabas tú.
A veces con un mensaje cualquiera, con una broma que me hacía reír cuando menos ganas tenía, con una conversación que se alargaba sin que ninguno de los dos se diera cuenta o simplemente con tu presencia, haciéndome sentir que no tenía que enfrentar absolutamente todo por mi cuenta.
Quizá para ti eran cosas pequeñas. Quizá ni siquiera recuerdas algunas de esas conversaciones que yo todavía guardo en mi memoria. Pero yo sí recuerdo cómo me sentía antes de hablar contigo y cómo, después de un rato, el peso que llevaba encima parecía un poquito más ligero.
Nunca necesitaste tener las palabras perfectas ni saber exactamente qué estaba pasando por mi cabeza. A veces bastaba con que me preguntaras cómo estaba y te quedaras a escuchar la respuesta de verdad. Bastaba con sentir que podía hablarte sin miedo a ser una molestia, que podía mostrarme vulnerable sin tener que fingir que siempre era fuerte.
Porque hay amistades que llegan a nuestra vida sin hacer promesas extraordinarias y terminan convirtiéndose en uno de los lugares más seguros que conocemos. Personas que quizá nunca comprenderán del todo cuánto nos ayudaron, porque estuvieron ahí sin darse cuenta de que, mientras compartían un pedacito de su tiempo con nosotros, también nos estaban ayudando a atravesar momentos que parecían interminables.
Y no, no significa que no sepa estar sola. He aprendido a resolver mis problemas, a levantarme después de los días difíciles y a seguir adelante incluso cuando las cosas no salen como esperaba. Pero ser capaz de hacerlo sola no significa que tu compañía no haya sido importante. Ser fuerte no significa que no haya necesitado de alguien, y aprender a caminar por mi cuenta no borra las veces que tu amistad me ayudó a encontrar fuerzas para dar un paso más.
Ojalá algún día puedas verte con los ojos de alguien a quien ayudaste sin proponértelo. Ojalá comprendas que tu existencia pudo marcar una diferencia enorme en una vida que quizá tú solo creías estar acompañando de vez en cuando.
Porque nunca se sabe qué está viviendo una persona detrás de sus sonrisas, ni cuánto puede significar para ella encontrar a alguien con quien sentirse comprendida.
Yo sé que puedo sola, pero qué suerte la mía de no haber tenido que hacerlo siempre. Qué suerte haber coincidido contigo, haber encontrado en tu amistad un refugio en días difíciles y tener recuerdos que me recuerdan que, incluso cuando la vida se vuelve demasiado pesada, una persona puede hacer que todo se sienta un poquito más llevadero. Quizá nunca sepas cuántas veces me ayudaste a seguir adelante, pero yo siempre voy a agradecer que, en medio de tantas personas, la vida me haya permitido encontrar tu amistad. 💗🫂