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Pedazos de papel

levij

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La vida es una hoja en blanco que te entregan al nacer, completa, abierta y plena, con una tinta junto a ella y un mundo por escribir.

No sabes de los caminos, ni del dolor ni del amor, ni que el tiempo, con sus manos, irá cambiando sus texturas entre la luz y la oscuridad.

Y lo más extraño de todo, lo más difícil de entender, es que, aun siendo tuya la hoja, habrá otras manos escribiendo lo que tú no quieres leer.

Quizás un día, al contemplarla, descubras, con desolación, que aquella hoja que creías intacta ya traía una grieta escondida en algún pliegue del corazón.

Entonces llegan la culpa, la conciencia y la tradición, con sus agujas invisibles, diciéndote que debes remendar cada herida, cada error.

Y comienzas a coser tus grietas, a esconderlas bajo el papel, a disimular las cicatrices para que nadie pueda ver lo que tanto te ha costado ser.

Pero escucha bien, alma mía: no toda cicatriz es derrota, ni todo remiendo es salvación; hay heridas que cuentan historias que jamás comprenderá la razón.

Esos pedazos que hoy te duelen, esas marcas de tu caminar, no son enemigos disfrazados que debas temer o borrar; son fragmentos de tu historia, son maneras de haber vivido, son silencios que guardaste y batallas que has vencido.

No permitas que un caballo de Troya, con apariencia de bondad, entre en las murallas de tu pecho para robarte la identidad, distorsionar tus emociones y condenarte a la soledad.

A veces la tinta se derrama, las letras pierden su color, y el escrito que soñabas bello se oscurece con el dolor. La impotencia toma el presente, el ayer te niega su perdón, y el mañana parece una puerta que no se abre ante tu voz.

Pero no te quedes…

¡No te calles!

Que ninguna voz ajena te condene a desaparecer, que ningún juicio de otros hombres te robe el derecho de ser.

Tú conoces tus pedazos, sabes dónde se rompió tu piel, sabes cuánto pesa la noche y lo que cuesta amanecer. No necesitas esconder tus grietas para merecer que te quieran; ni arrancarte partes del alma para encajar en vidas ajenas.

No intentes remendarte solo para agradar a los demás. Quédate con cada fragmento, aprende a mirarlo en paz.

Atesóralos como la tierra atesora el agua al beber, como el viento acaricia las llamas sin pretenderlas poseer.

Porque el agua, el viento, la tierra y el fuego, aunque distintos en su esencia y su andar, son fuerzas que habitan el mundo sin tener que ser iguales jamás.

Así también eres tú: un universo de contrastes, una historia que nadie ha vivido, un corazón con sus matices, un ser que merece ser querido sin tener que ocultar lo que ha sido.

Nunca vivas para el juicio ajeno, ni escribas tu historia por temor, porque quien pretende ser tu dueño puede borrar hasta tu voz.

Y aunque tu hoja permanezca intacta, aunque no tenga una mancha visible, si alguien se empeña en juzgarte, siempre encontrará un borrador para tachar lo que en ti es irrepetible.

No entregues tu pluma al desprecio, ni permitas que dicten tu final. La vida no es una obra perfecta, ni un concurso de pureza moral.

Es un libro de páginas vividas, de capítulos que no volverán, de palabras que a veces nos hieren y de otras que nos enseñan a sanar.

Quédate contigo. Quédate con tus pedazos. Quédate con lo que eres, aunque el mundo no comprenda la forma de tus abrazos.

Y cuando el tiempo, soberano, te conduzca por caminos diferentes, recuerda que cambiar no es perderte, que detenerte no es rendirte y que sanar no es borrar lo que sientes.

Cada etapa tendrá su tinta, cada instante, su propio color; habrá páginas vestidas de invierno y otras encendidas de sol.

No temas que tu hoja sea distinta, ni que su belleza no sea convencional. Hay historias que, aun llenas de grietas, tienen una belleza inmortal.

Porque al final de este viaje, cuando ya no quede nada que demostrar, comprenderás que tu mayor victoria no fue tener una hoja perfecta…

sino haber tenido el valor de escribir tu propia verdad.

Y si alguna vez tus manos tiemblan y no sabes cómo continuar, abraza cada trozo de tu historia, respira profundo y vuelve a comenzar.

Que la hoja es tuya, que la tinta aún te pertenece, y aunque otros escriban sobre ella, aunque el tiempo la desgaste, aunque el dolor la atraviese…

¡Que nadie te convenza de que tu historia no merece escribirse!

Por Levi Jesús Díaz Echeverri

Thoughts

  • Amortes22

    Me quedo con: "habrá otras manos escribiendo lo que tú no quieres leer" es como cuando te dejas llevar por terceros, con barco sin timón...

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  • Anselma

    Que la hoja ya traiga una grieta escondida desde antes, sin que nadie la haya doblado, es lo que más se parece a la vida que he visto. Lo de que otros escriban en tu hoja lo firmo entera!

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La vida es una hoja en blanco que te entregan al nacer, completa, abierta y plena, con una tinta junto a ella y un mundo por escribir.

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