Sí, quería que fueras tú.
Quería que fueras la persona con la que pudiera compartir mis días, mis alegrías, mis preocupaciones y todos esos pequeños momentos que terminan convirtiéndose en recuerdos importantes.
Quería que nuestra historia funcionara.
Quería poder mirar hacia atrás algún día y pensar que todo lo que sentí había valido la pena.
Pero nunca iba a obligarte a estar conmigo si tú no querías.
Porque una cosa es luchar por alguien que también quiere quedarse y otra muy diferente es intentar convencer a alguien de que te quiera.
Yo podía decirte lo que sentía.
Podía intentarlo.
Podía darte oportunidades.
Podía demostrarte cuánto me importabas.
Pero no podía decidir por ti.
Y aunque me doliera aceptar que quizá no querías lo mismo, siempre tuve claro que el amor no debería sentirse como una obligación.
No quería que estuvieras conmigo porque te daba pena verme ir.
No quería que te quedaras porque te sentías culpable.
No quería ser una elección hecha por presión.
Quería que me eligieras porque realmente querías estar ahí.
Porque te naciera buscarme.
Porque quisieras compartir tu vida conmigo.
Porque al mirar todas tus opciones, tú también sintieras que querías escogerme a mí.
Y quizá por eso, aunque me dolió, tuve que aprender a aceptar tu decisión.
No porque dejara de quererte.
Sino porque también tenía que respetarme.
Yo quería que fueras tú.
Pero no quería perderme intentando convencerte de que fueras alguien que no quería ser.
Así que si alguna vez te preguntas si realmente te quise, la respuesta siempre será sí.
Te quise lo suficiente como para intentarlo.
Pero también te quise lo suficiente como para no obligarte a quedarte.
Y ahora estoy aprendiendo a quererme a mí con esa misma intensidad.
Porque algún día quiero estar con alguien que no necesite que le ruegue un lugar.
Alguien que quiera quedarse por voluntad propia.
Alguien que me mire y pueda decir:
“Sí, quiero que seas tú también.” 🤍