..Caminaba con sus zapatos rotos y su espíritu intacto.
La mañana, que era oscura pero aún más fría,
continuaba a su lado,
sin abandonar
-ninguno sabía rendirse-.
Mientras las luces y los autos llegaban antes a cualquier lugar,
solo el ruido quedaba tras sus pasos.
En el tribunal los documentos
y en la estación los minutos corrían puntuales.
Intentó escribir, pero debía practicar;
la hora se acercaba
y la distancia aún era lejana.
Cuando puso su nombre en la hoja,
habló consigo mismo:
se pidió recordar...