Dicen que, quien juega con fuego,
termina hecho cenizas, pero se equivocan.
Años después, sigo acá, intacto,
más tuyo y más vivo que nunca.
El fuego no me consumió,
aprendió mi nombre y me llamó su hogar.
Ya no sé dónde termina mi piel
y dónde empieza tu fuego,
pero sé que habito en esta llama eternamente.