Huyo de Dios, pero quiero ir con él cuando muera.
Deseo morir y verlo, pero en vida no quiero propósito.
El Señor arroja mis escritos a la basura; arroja mis libros y la idea que tengo de publicarlos.
Indisciplinado, ya que ni en lo que amo puedo terminarlo.
Huyo de Dios, no porque lo deteste, sino que huyo de la disciplina.
—¿¡Hasta cuándo, oh Jorge, seguirás huyendo!?
—¿Hasta cuándo?
Acorralado entre su futuro y mi pared, cuestionando cada uno de sus consejos.
—¿¡Hasta cuándo, oh Dios, seguiré huyendo de ti!?
Cansado estoy, señor, de huir, de publicar porquería que no es de luz, solo tinieblas.
¡Oh Señor, no hay otra opción!
Y jamás me vuelvo a arrepentir...
— Jorge Guzmán