Perdió el libro y ganó una tortuga. Para mí salió ganando, che.
Victína contra Trinidad
Pensamiento
Perdió el libro y ganó una tortuga. Para mí salió ganando, che.
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—Y… llegó.
Dijo un hombre con barba rosada y ropa desgarrada, sentado en la orilla de una playa junto a un hombre corpulento con la mirada perdida en la confusión de no recordar nada.
—¿No es otra actriz de Hamlet? Sabem— le respondió su compañero.
Sabel Ñoce se frotó la cara. —Deberían haber llegado ayer. Así está escrito.
—Tal vez confundió el este con el Oeste —teorizó el hombre corpulento.
—No, tenían una chófer colocada por el destino, es imposible que se desvíen. —Sabel tomó su libro y escribió el nombre “Victoria PELIGRO”. El libro automáticamente cambió a la página 30787, donde se ve una foto de una chica con lentes de sol gritando tras un volante. —Lo ves, se obsesiona con ser amable, trae a Victína y Acua con nosotros y al querer regresar, muere chocando su auto. Nada de un desvío. La chófer perfecta.
—¿No la conozco?
Sabel azotó el libro y miró a su compañero a los ojos con un poco de culpa contenida tras su expresión. —No, Jordan, no la conoces.
—Pensé que sí.
Sabel ignoró a Jordan, nunca había visto un margen de error tan grande como 24 horas y su mente maquinaba con las partes que se saltó y las posibles trampas que el destino podría estar poniendo. Busco en otras páginas del libro para asegurarse, pero no había ninguna parte a libre interpretación, todo era específico y siempre llegaba al mismo punto, la muerte de la niña en la isla y el momento de ir junto a sus compañeras al lugar, evento que ya no podía atrasar.
Sabel se levantó sobre la arena. —Debes esperar a las chicas, evita que esa Victoria te mire y… eso, Acua cortará los frenos.
Jordan se quedó y Sabel no pudo mirar atrás, cargaba la vergüenza de arruinar una vida.
Sabel buscó una puerta y encontró un baño químico, lo cerró y sacó una rama de su bolsillo para levantarla imaginando el lugar al que quería ir. Al atravesar llegó a un paisaje natural con pastos altos y montañas que rodeaban el espacio. Volteó a mirar su umbral, una puerta cubierta entre la vegetación, arrancada perfectamente de un avión en el medio del aire para que él en ese momento pudiera estar ahí, aunque el destino no decía que llegaría solo.
Rasguñó la tierra, olió la humedad y miró el horizonte. No veía rastro de lo que buscaba y simplemente avanzó sin olvidar el camino en el que avanza.
La hierba parecía moverse y metros adelante, pasto recortado. Pasto recortado en medio de la nada, donde ninguna persona debía haber llegado nunca. Permaneció tras el pastizal, oía con atención las aves, los animales, una voz femenina.
Para Sabel eso era una señal de peligro, el destino marcaba claramente el lugar como deshabitado. Distinguía el repetir de la palabra Oli, como un nombre, pero lo demás era un gran soliloquio en balbuceo.
Sabel con fuerza aplaudió, el sonido silenció la voz un momento y luego continuó. Sabel repitió el aplauso tres veces más. Ella dejó de hablar y tras un tiempo de silencio Sabel vio sobre el pasto recortado una mujer alta, con ropa vieja, una lanza y una hoja atada como pañuelo en su cabeza que sujetaba una pequeña tortuga masticando el cabello rubio de la chica. —Oli, avisa si ves algo —le dijo a la tortuga.
Para él era extraño, sentía reconocerla y a la vez no era nadie. Levantó las manos y salió del pasto en silencio, revelando su presencia.
La mujer lo miró frunciendo el ceño, giró su lanza y con el lado sin filo le tocó el estómago. —¿Eres de verdad?
—Que pregunta extraña
—Disculpa, nunca hay más gente por aquí, como en una duna, este lugar es muy solitario y mi mente ya me ha jugado sucio… muy sucio…
Sabel la miró confuso por la experiencia que aparentaba en el lugar —Comprendo, pero realmente… —La mujer rubia le cortó la respuesta con un abrazo apretado.
—Lo siento, perdón, hace mucho que no hablo con nadie. —Lo soltó y le sonrió desconfiada— ¿Hace cuánto tiempo estás atrapado aquí? Yo llevo dos años, como lo que viven los ratones.
Sabel no contestó, rechazaba la idea de desviarse, pero también estaba conmovido con la tragedia frente a él.
—Soy Trinidad Solis, y ella es Olidia. —Señaló la tortuga sujeta a su cabeza.
Sabel cedió, se presentó con nada más que su nombre y permitió que la mujer lo guiará por el campo de pastizal recortado.
—Allí está el naranjo, más adelante ves el lago salado, tiene salmones, como si fuera el mar, pero resultó ser un lago lamentablemente.
—¿Está muy lejos?
—No, unas pocas horas. A veces navego en él para relajarme. Yo misma construí la balsa, seguro te encantará, pero antes iremos a mi casa. —Trinidad cambió la dirección, al subir una colina le mostró un valle tecnicolor. Una casa mediana y vegetal frente a una variedad de flores de todo tipo.
—¿No has visto una flor amarilla con puntos verdes alguna vez? —Pregunto Sabel.
—Creo que sí Sabel, pero es más complicado cuando hay tantas flores distintas.
Bajaron la colina y Trinidad le abrió la puerta a su nuevo amigo sonriendo cada vez más, el interior era rústico, con una mesa al medio y un par de camas improvisadas en un extremo, una parecía ocupada. Trinidad colocó su tortuga en el suelo. —Tengo caramelos improvisados, pescado salado, naranjas y otras comidas.
—No tengo hambre, solo quiero saber más de tu historia. ¿Cómo llegaste aquí?
—A, eso es fácil —Trinidad se sentó junto a él en la mesa— iba en un avión cuando sentí que quería orinar, pero el baño estaba cerrado, había una fila de gente… no, era un cúmulo de gente que no lograba abrir esa puerta. Se quejaban y empujaban insistiendo en que era inamovible. Al final, cuando yo agarré el picaporte, sí se abrió, no sé qué le toqué, pero para mí no lo intentaron lo suficiente. Orine y… a sí, cuando estaba sentada dentro, sentí un crack, como cuando rechina tu cama, pero en realidad todo se caía, el baño se desprendió completo y justo en sus contornos. Sobreviví sujetando con mis brazos y piernas las esquinas durante la caída. Es una locura. Me preguntó qué pasó con el resto de la gente en el avión.
Sabel lo entendió, el baño según el destino debía caer vacío, por eso no podían entrar. Pero Trinidad sí entró y en ese caso debía ser alguien importante.
—Haré un té impro. Tiene cáscara de naranja, y un poco de pétalos de rosa con aceite de pescado, seguro que te va a encantar. ¿Pero lo prefieres sin aceite? —Trinidad se levantó y salió a colocar el agua en un jarro de cerámica improvisada sobre una pequeña fogata.
Sabel aprovechó a examinar el lugar, la persona en la cama parecía respirar con dificultad, aunque no podía verle bien la cara. Sacó su libro para escribir el nombre “Trinidad Solis”. El libro movió sus páginas hasta una página con la imagen de una mujer anciana de cabello negro, con ropa sucia. “Carla Trinidad Tadalin Solis”, del año 1581. Sabel pasó la página, “Trinidad Angula”, volvió a pasar página, “Triniti Sunset”. Ninguna Trinidad Solis rubia estaba destinada a estar en la isla por 2 años.
Sabel sintió por su espalda una gota de sudor deslizándose. Cerró el libro con cuidado, miró por una pequeña ventana a Trinidad preparando el agua y colocando los ingredientes. Sirvió el agua en dos vasos de madera y se levantó para llevarlo adentro. —Bueno, aquí está el té, amiguito.
Sabel miró su bebida meditando. Consideró derramarla. La mujer frente a él tomaba un sorbo de su té. —¿Cuál es tu verdadero nombre? —le preguntó Sabel.
La mujer reaccionó alterada ante la temperatura en su lengua. —Uf, uf… está muy caliente, como una sopa, tenía que esperar… ¿Dijiste algo?
—¿Cuál es tu verdadero nombre?
—Trinidad Solis…
—Tu verdadero nombre.
—¡Te lo dije! ¡Soy Trinidad Solís!
Sabel la miró a los ojos. Incluso las personas cuyo nombre cambia son localizadas por el libro en todas sus variantes. No podía haber cambiado su nombre, debía ser un engaño, pero sus ojos bicolor parecían reflejar una confusión mayor a la suya.
—¿Y tú cómo llegaste a este lugar, señor preguntón?
—Llegué… por mi cuenta, pero lo que me intriga es tu historia, no encaja…
—Tú no encajas. En dos años nunca te vi. No hubo ningún accidente como el mío porque nunca pasó otro avión. La única explicación es que cruzaste las montañas, pero entonces no entiendo por qué estás tan despojado como un mendigo. ¿Cuándo llegaste Sabel? Si es que ese es tu verdadero nombre.
Sabel creyó que ella era una hipócrita, debía ser un engaño o una prueba. —Llegué hoy.
—¿Cómo?
Sabel colocó el libro sobre la mesa, sabía que para demostrar la magia lo mejor era mostrarla. —Escribe el nombre de alguien que conozcas.
—¿Por qué? Dame una razón.
—Es importante para que entiendas todo, escribe.
Trinidad sacó entonces un trozo de carbón entre cerrando los ojos y escribió el nombre “Lara Solis”. Se sobresaltó al ver cómo el libro cambia de página sin tocarlo y mostrando la foto de la mujer, asustada y con una expresión de terror.
—Mamá… ¿Por qué tenés una foto de mi madre?
Sabel tomó el libro para leer la descripción. —Tengo una foto de cada persona en el mundo aquí. Vivos, muertos y no nacidos. También tiene la información de todas las vidas del mundo. Así sé que… tu madre murió en 2002.
—No. La vi por última vez antes de subir al avión, 2018, y estaba saludable como un toro.
—Perdón, pero murió en 2002, así son las cosas. Si lo recuerdas diferente es una mentira…
—¡¡Tu libro es una mentira!! ¡Dámelo!
Trinidad arrancó el libro del agarre de Sabel y anotó otro nombre: “Piolina Voo Need”, esperaba ver algún mecanismo. El libro cambio sin mostrar ningún truco, mostró el rostro de una niña iluminado y con expresión de sorpresa. Sabel se asomó junto a ella para leer con toda su seguridad sostenida en el libro.
—Muere con 10 años luego de explotar por una fuga de gas, claramente…
—Así la conocí… tenía la misma camisa… fui a avisarle que sentía olor a gas porque ella no tiene olfato.
—Eso no pasó.
—¡Pasó! ¡Es mi vida! ¡No cambia nada que esté escrito en un libro mágico, una película o en un asteroide al borde del sistema solar! —Trinidad lo sujetó dela barba —¿De dónde sacaste las fotos?
—Tu nombre no aparece. Es extraño, cualquier persona aparece. ¿No será que tu vida es una mentira?
Trinidad anotó con su mano libre en el libro solo para ver la página de Triniti Sunset —No significa nada ¿Qué clase de broma es esta?
—No quiero ponerme firme, pero mira esto. —Sabel escribió el nombre de Victína Eclipse en el libro. La página cambió a una sin imagen, solo la descripción. —Tal vez eres ella, princesa de un mundo sin puertas, la única sin fecha de muerte y por ende sin foto de defunción. No entiendo ¿Porque tratas de engañarme Victína.
—Eres un idiota. —Soltó a Sabel con un empujón.
El se enderezó y volteo —El punto final está en la persona de la cama. —Se asomó a tratar de mirar sin lograr observar correctamente, debía correr las hojas para ver mejor.
—No te le acerques.
—No, Victína, debo ver a Acua, la verdad la extraño, deja de fingir, pase la prueba.
—Es solo una niña. —Trinidad lo sujetó del hombro.
—Para ti cualquiera es niño Victína. —Apartó el agarre de Trinidad. —Tienes como 600 años. —Al ver a Sabel acercarse a la cama, Trinidad le saltó encima para tirarlo al suelo.
—¡¡Vete de mi casa!!
Trinidad lo golpeó en el suelo y Sabel reaccionó con una patada en el estómago que la saco de encima suyo. —Calmada, es innecesario la violencia— Sabel se levantó y logró llegar a la cama, apartó las hojas que tapaban a esa persona en la cama. Pero lo que vio fue una niña, no Acua, una niña durmiente con una gorra, respirando, y Sabel la reconoció. Sara, la niña destinada a morir en la isla 3 días antes de su llegada, no podía seguir viva.
Sabel caminó a la puerta mientras Trinidad se levantaba, levantó la rama para imaginar de nuevo la playa, abrió la puerta.
—¿Por qué está el mar del otro lado? —Trinidad lo sujetó del brazo, esta vez con mucha más fuerza.
—Déjame ir.
—¡¡Responde una sola pregunta!!
Sabel se esforzó por pasar el umbral mientras Trinidad, aún con deseos de correr afuera, no podía arriesgarse a abandonar a la niña. Sabel lograba arrastrar a Trinidad con él, mientras cruzaba la puerta. La mano de ella se deslizó en su brazo mientras trataba de conseguir jalarlo y usar su peso para hacerlo caer. En el forcejeo Trinidad sujetó la rama que se partió fácilmente con el forcejeo.
Sabel fue expulsado de inmediato a la playa con media rama. En el momento se enfoco en recuperarse, pero sin la rama no podía volver y olvidó el libro allá.
Jordan fue corriendo —¿Cómo te fue? No vinieron en tu ausencia —Sabel miró a su compañero sin saber qué decir.
—Cambiamos nuestros planes, Jordan.
—¿Era la tortuga lo que buscabas?
Sabel miró el suelo, donde Olidia le mordía los cordones, sin rama mágica, ni el libro y sin sus compañeras importantes. Solo una tortuga.
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