La alegría más grande, curiosamente, no es la propia:
es la tuya.
Que viene de una satisfacción que no es tuya:
es la mía.
Y como un uróboros, nuestro amor
se da y se regresa,
de una manera perfecta.
De repente, podemos estar en desacuerdo
y grises nuestros momentos,
pero es tan grande el amor
que disipa cualquier intento
de veto y de contienda.
Porque son más satisfactorios
los «te quiero»
que los silencios tensos.
Y a medida que avanza la vida,
más cuenta me doy
de lo necesarios que somos
el uno del otro;
que no hay futuro sin un nosotros,
pese al pesimismo de los otros.
Porque en un mundo de desamores,
es muy raro que lo nuestro brote.
¡Cuán equivocado estuve
cuando a oscuras tropecé
con amores que no valían el esfuerzo!
Pero igual les agradezco,
porque de todo eso
encontré el camino de regreso,
y el volver a comenzar
me llevó a encontrar mi más grande tesoro:
que eres tú, y no hay duda de eso.