Hay hombres que, al parecer, tienen dos corazones:
uno para el supuesto amor
y otro para la lujuria;
uno para la mujer que los espera en casa
y otro para la desconocida
Quién les ofrece una noche sin nombre.
Hablan de fidelidad
mientras esconden el teléfono,
pronuncian “te amo”
con la conciencia dividida
y creen que el matrimonio es una cadena
que pueden romper cuando aparece
Un deseo disfrazado de aventura.
Pero el amor no es una jaula,
ni la esposa una sombra acostumbrada
A perdonar cada engaño.
El matrimonio es una promesa,
y quien la traiciona por placer
no es más libre:
Es solamente esclavo de su propia debilidad.
También existen mujeres
que escriben sin conocer,
que confunden una fotografía
con una invitación,
un saludo con una promesa
y la soledad de un hombre
Con una puerta abierta.
Llegan con palabras perfumadas,
con promesas sin raíces
y deseos sin futuro;
ofrecen una relación superficial
a quien jamás han mirado a los ojos,
como si el corazón humano
fuera un objeto que se compra
Con halagos y atrevimiento.
No buscan conocer el alma,
ni escuchar la historia,
ni comprender las heridas
Que cada persona lleva consigo.
Buscan solamente un instante,
un cuerpo, una respuesta,
una ilusión de poder
Sobre alguien a quien ni siquiera conocen.
Y cuando encuentran un hombre casado,
No ven el hogar que lo espera,
ni la mujer que comparte su vida,
Ni los años construidos con paciencia.
Solo ven una oportunidad
para satisfacer su vanidad
Y llamarla deseo.
A ellas les digo:
No todo hombre que responde
está disponible;
No todo silencio es timidez
Ni toda cortesía es interés.
Hay hombres que todavía saben
que una palabra puede herir,
que una insinuación puede destruir
y que el respeto vale más
Que cualquier aventura pasajera.
Y a ellos les digo:
No se engañen llamando amor
A lo que apenas es apetito.
No conviertan la mentira
en una segunda casa
ni hagan de su esposa
la última persona en saber
Lo que todos los demás ya conocen.
Porque quien juega con dos corazones
Termina perdiendo los dos:
el de quien lo amaba de verdad
y el suyo propio,
ese que un día creyó tener
pero que entregó, sin honor,
A la primera tentación.
Yo solamente tengo un corazón.
No es perfecto,
Pero conoce la lealtad.
Tiene un nombre, un hogar
Y una promesa que todavía vive.
Por eso no vendo mi dignidad
por una conversación vacía,
ni cambio una vida compartida
Por el brillo falso de una pantalla.
El amor verdadero no busca atajos,
no invade matrimonios
Ni se alimenta de secretos.
El amor verdadero permanece,
da la cara,
respeta los votos
y no necesita dos corazones
Para sentirse completo.
Este poema lo escribí porque me cansé de recibir en TikTok y otros medios mensajes de mujeres que se insinúan a mí sin respetarse a sí mismas ni respetar a los demás.