Nadie habla, realmente, de la ruptura de esas amistades que se van desvaneciendo poco a poco; esas que se marchan sin un adiós, sin una despedida, sin un "nos vemos pronto".
Siempre nos han enseñado que el amor de pareja duele, pero la verdad es que la ausencia de un amigo cala más hondo. En el amor se llora con ruido; en la amistad, el vacío es un eco silencioso. Nadie habla de los años acumulados, de los momentos de risa compartida, de las bromas internas y de los instantes donde fuimos refugio.
Entonces, te quedas ahí, preguntándote por qué se van sin pensar en lo que dejas atrás. Y aparece esa duda inevitable, esa pregunta que muerde por dentro: ¿qué me faltó a mí para ser un buen amigo? Al final, descubres que el olvido también es una forma de desamor, y que extrañar a un amigo es un luto que se lleva a solas.