Hoy abrí mí agenda en septiembre, pero algo me llevó a reabrirla en febrero. Y ahí estaba tu nombre escrito, me quedé mirando , y seguí recorriendo con la vista los meses siguientes hasta que desapareciste en mayo.
Allí quedaste, encerrado en mí agenda, encerrado en tu nombre.
Recorriendo las páginas te reencontré, y así también te desvaneciste.