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Trabajar para salir adelante

JoaMarAl
Pensamiento

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JoaMarAl

Quiero agradecer a todos los que leen mi autobiografia y pedirles que si le gustó si le fue de bendicion no dejen de compartirla. Desde ya Muchas gracias! YA ESTÁ DISPONIBLE EN GOOGLE BOOKS Después de mucho trabajo, recuerdos y experiencias compartidas, “

Quiero agradecer a todos los que leen mi autobiografia y pedirles que si le gustó si le fue de bendicion no dejen de compartirla. Desde ya Muchas gracias!

YA ESTÁ DISPONIBLE EN GOOGLE BOOKS

Después de mucho trabajo, recuerdos y experiencias compartidas, “55 AÑOS – Biografía y Testimonio Cristiano” ya puede leerse en Google Books.

Son 55 capítulos de una vida real, con historias de amor, pérdidas, sueños, desafíos, familia, comunicación y, sobre todo, fe.

Una historia personal que busca dejar un mensaje: aun en los momentos más difíciles, siempre puede haber una nueva oportunidad para seguir adelante.

📱 Leelo desde tu celular, tablet o computadora.

👉 Accedé al libro en Google Books⁠�https://play.google.com/store/books/details?id=um8TEgAAQBAJ 55 AÑOS

Biografía y Testimonio Cristiano

Joaquín Marcelino Álvarez

Contenido de la publicación

Capítulo 14: En mi juventud no existía el tiempo para la ociosidad; había que poner el hombro en lo que saliera para sostener a mamá y no depender de nadie. En este capítulo narro las changas en las estaciones de servicio, las obras de empedrado y los distintos oficios que desempeñé en Misiones, forjando la cultura de un trabajo honesto que nunca me avergonzó hacer.



A los catorce años ya había comenzado a entender que crecer también significaba aprender a arreglárselas con lo que uno tenía.

Todavía era un gurí de Dos de Mayo, pero dentro de mí empezaba a aparecer una inquietud que no sabía explicar del todo. Había conocido otros lugares, había salido de mi pueblo, había trabajado durante un tiempo lejos de mi casa y había comprobado que podía desenvolverme por mis propios medios. Aquella experiencia no me convirtió de un día para otro en un adulto. Simplemente me permitió descubrir algo que después sería una constante en mi vida: cuando aparecía una necesidad, había que buscar la manera de enfrentarla.

En aquellos años no existían muchas alternativas para un joven de mi edad. No tenía una profesión, no contaba con recursos económicos y mi familia tampoco disponía de dinero para sostener grandes proyectos. Lo que sí tenía era disposición para trabajar.

Y así comenzaron las changas.

En Misiones aprendí muy temprano que el trabajo podía tener muchas formas. Un día podía tocar limpiar baños en una estación de servicio y otro lavar autos. En otra oportunidad podía tratarse de cargar un camión o hacer alguna tarea que apareciera en el camino. También trabajé en tareas relacionadas con el empedrado y la pavimentación en Dos de Mayo y en otros lugares de la provincia, entre ellos 25 de Mayo.

No había demasiada posibilidad de elegir.

Cuando aparecía una oportunidad, se aprovechaba.

Hoy, mirando hacia atrás, puedo entender que aquellas tareas fueron mucho más que una manera de conseguir unos pesos. Fueron parte de mi formación. Antes de conocer los escenarios de una radio, antes de sentarme frente a un micrófono, antes de imaginar siquiera que algún día tendría una vida vinculada a la comunicación, conocí el esfuerzo de ganarme el sustento haciendo trabajos que muchas veces eran pesados y que simplemente había que realizar.

No tengo vergüenza de contar esa parte de mi historia.

Al contrario.

Forma parte del hombre que llegué a ser.

En una familia humilde, el dinero tenía un valor distinto. Cada moneda significaba algo. Había que administrarla, cuidarla y, cuando era posible, aportar para que alcanzara. En ese contexto, trabajar no era una actividad secundaria. Era una necesidad concreta.

Yo todavía estaba aprendiendo quién era.

Tenía inquietudes, sueños y también muchas cosas que desconocía. No tenía un camino definido. No sabía qué iba a ser de mi vida ni hasta dónde me llevarían las decisiones que estaba tomando. Pero había algo que empezaba a quedar claro: no quería quedarme esperando que las cosas sucedieran.

Prefería salir a buscarlas.

Eso también explica algunas de mis primeras experiencias lejos de Dos de Mayo.

Después de aquella salida hacia Bella Vista y Robin Park, regresé con una experiencia que me había marcado. Había conocido otro ambiente, había trabajado durante unos dos meses y había comprobado que podía estar lejos de mi familia. Para alguien de catorce años, aquello representaba mucho.

No porque hubiera dejado de necesitar a los míos.

Todo lo contrario.

Estar lejos también enseñaba cuánto significaba tener un lugar al cual regresar.

Dos de Mayo seguía siendo mi casa.

Las calles de tierra, la gente conocida, los familiares, los vecinos y todo aquello que había formado parte de mi infancia seguían siendo mi referencia. Pero algo había cambiado dentro de mí: ya había probado la independencia.

A partir de entonces empecé a mirar el trabajo de otra manera.

Cada changa dejaba una enseñanza.

Limpiar un baño no tenía relación con lo que años después haría frente a un micrófono, pero me enseñaba responsabilidad. Lavar un auto no tenía nada que ver con una radio, pero requería cumplir con una tarea y hacerla bien. Cargar un camión exigía esfuerzo físico y constancia. Trabajar en el empedrado era otra realidad completamente diferente.

En ninguna de esas actividades había glamour.

Había trabajo.

Y eso alcanzaba.

Con los años entendí que muchas veces la vida prepara a una persona para cosas que todavía no puede imaginar. En ese momento yo no podía saberlo. No estaba construyendo una carrera. Estaba tratando de salir adelante.

Sin embargo, aquellas experiencias fueron formando una manera de enfrentar la vida.

Aprendí que nadie podía garantizarme que las cosas serían fáciles.

También aprendí que quejarse no resolvía las necesidades de una familia.

Había que levantarse y hacer lo que correspondía.

Esa mentalidad me acompañaría durante muchos años.

Después vendrían Buenos Aires, distintos trabajos, responsabilidades familiares, momentos de abundancia y otros de enorme dificultad. Habría etapas en las que tendría que empezar nuevamente y otras en las que sentiría que todo lo construido podía venirse abajo. Pero aquella disposición para trabajar ya estaba incorporada en mí desde muy joven.

No nació en una oficina.

Nació en las changas.

Nació en Misiones.

Nació en la necesidad.

Y también nació en el ejemplo de mi familia.

Mi madre había conocido desde muy pequeña lo que significaba trabajar para sobrevivir. Su propia historia había estado atravesada por el esfuerzo desde una edad en la que un niño debería estar pensando solamente en jugar y aprender. Yo crecí viendo esa realidad, aunque en aquel momento no pudiera comprender toda su dimensión.

Quizás por eso el trabajo nunca me resultó extraño.

Era parte de la vida.

Había que hacerlo.

También estaba Marisa.

En aquellos años nuestra relación formaba parte de mi vida cotidiana. Éramos jóvenes y todavía teníamos mucho por aprender. Yo empezaba a pensar en el futuro, aunque todavía no podía imaginar las responsabilidades que llegarían después.

Trabajar y pensar en formar una vida propia comenzaban a mezclarse.

Ya no se trataba solamente de mí.

Todavía no sabía hasta dónde me llevarían esas decisiones.

Pero la vida iba avanzando.

Y yo también.

Una de las cosas que más recuerdo de aquella etapa es la sensación de que cada experiencia abría una puerta diferente. Algunas oportunidades duraban poco. Otras desaparecían rápidamente. Había trabajos que aparecían de repente y terminaban de la misma manera. Sin embargo, cada uno dejaba algo.

No necesariamente dinero.

A veces dejaba experiencia.

A veces una persona conocida.

A veces una enseñanza.

A veces simplemente la certeza de que podía enfrentar una situación nueva.

Eso fue importante para lo que vendría.

Porque unos años después tendría que tomar decisiones mucho más grandes. Saldría nuevamente de Misiones. Llegaría a Buenos Aires sin saber exactamente qué encontraría. Tendría que buscar trabajo, adaptarme a otro ritmo de vida y aprender a desenvolverme en un lugar completamente diferente.

La primera gran distancia todavía estaba por venir.

Pero el muchacho que llegaría a Buenos Aires no aparecería de la nada.

Sería el resultado de todo lo anterior.

Del hogar humilde.

De mi madre.

De mis hermanos.

De las calles de tierra.

De la escuela.

De las primeras salidas.

De Robin Park.

De las changas.

De haber aprendido que para conseguir algo había que moverse.

Cuando uno mira una vida desde el presente, puede caer en la tentación de pensar que todo estaba encaminado desde el principio. En mi caso, no fue así.

No tenía un mapa.

Tenía caminos.

Y muchas veces tuve que elegirlos mientras los iba recorriendo.

Algunos fueron buenos.

Otros estuvieron llenos de errores.

Hubo decisiones que todavía hoy recuerdo con gratitud y otras que preferiría haber tomado de otra manera.

Pero todas forman parte de mi historia.

Por eso no quiero contar solamente los momentos que pueden parecer importantes. También quiero detenerme en aquellos que, vistos desde afuera, podrían parecer pequeños.

Porque mi vida también se construyó con cosas pequeñas.

Un trabajo de unas horas.

Una tarea pesada.

Unos pesos ganados con esfuerzo.

Una oportunidad que apareció.

Un viaje.

Una conversación.

Una persona que extendió una mano.

Una decisión tomada siendo todavía muy joven.

El futuro se estaba formando con esos fragmentos, aunque yo no pudiera verlo.

Hoy puedo reconocer algo que entonces no entendía: trabajar desde tan joven me ayudó a perder el miedo a empezar de nuevo.

Eso sería fundamental más adelante.

Porque mi historia tendría muchos comienzos.

Comenzaría de nuevo en Buenos Aires.

Comenzaría de nuevo en distintos trabajos.

Comenzaría de nuevo en la radio.

Comenzaría de nuevo después de errores que tuvieron consecuencias muy duras.

Comenzaría de nuevo después de la muerte de Marisa.

Comenzaría de nuevo junto a Claudia.

Y, muchos años después, comenzaría nuevamente en Dos de Mayo.

Cada comienzo tendría un contexto diferente, pero habría algo que permanecería: la necesidad de seguir adelante.

Cuando era adolescente no podía imaginar todo eso.

Solo sabía que había que trabajar.

Quizás esa sea una de las enseñanzas más sencillas que me dejó aquella etapa.

La vida no siempre presenta grandes oportunidades.

A veces ofrece una changa.

Y hay que hacerla.

A veces abre una puerta pequeña.

Y hay que animarse a entrar.

A veces el camino comienza con algo que parece insignificante y termina llevando a lugares que jamás habíamos imaginado.

Yo todavía estaba lejos de saber cuál sería mi destino.

Todavía no era el hombre de la radio.

Todavía no era periodista.

Todavía no conocía muchas de las experiencias que terminarían formando mi carácter.

Era simplemente un joven de Dos de Mayo que quería salir adelante.

Y tenía algo que, con el paso de los años, aprendería a valorar mucho más: las ganas de trabajar y la voluntad de no rendirme fácilmente.

El resto vendría después.

Pero la semilla ya estaba plantada.

“Todo lo que hagan, háganlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres.”
— Colosenses 3:23

Thoughts

  • mediocapitulo

    Ese gurí de catorce lavando autos y cargando camiones, y yo reclamando por levantarme a las siete jaja

    Permalink
  • guardiaAbierta

    Lo de perder el miedo a comenzar otra vez por haber trabajado tan joven se lo creo completo. Quien a los catorce ya se fue dos meses lejos de casa y volvió, tiene esa cuenta hecha para siempre: se puede arrancar desde cero porque ya lo hizo una vez. A mí me tocó entenderlo pasados los cincuenta.

    Permalink
  • JoaMarAl

    Quiero agradecer a todos los que leen mi autobiografia y pedirles que si le gustó si le fue de bendicion no dejen de compartirla. Desde ya Muchas gracias!

    YA ESTÁ DISPONIBLE EN GOOGLE BOOKS

    Después de mucho trabajo, recuerdos y experiencias compartidas, “55 AÑOS – Biografía y Testimonio Cristiano” ya puede leerse en Google Books.

    Son 55 capítulos de una vida real, con historias de amor, pérdidas, sueños, desafíos, familia, comunicación y, sobre todo, fe.

    Una historia personal que busca dejar un mensaje: aun en los momentos más difíciles, siempre puede haber una nueva oportunidad para seguir adelante.

    📱 Leelo desde tu celular, tablet o computadora.

    👉 Accedé al libro en Google Books⁠�https://play.google.com/store/books/details?id=um8TEgAAQBAJ 55 AÑOS

    Biografía y Testimonio Cristiano

    Joaquín Marcelino Álvarez

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