A veces creemos que lo que necesitamos es un trapo. Limpiar un poco, acomodar un poco, esconder un poco. Como si alcanzara con pasarle un paño a lo que en realidad está roto.
Pero llega un momento en que un trapito ya no alcanza.
No se puede tapar el sol con las manos. Podés convencerte de que está todo bien, sonreír, seguir adelante, poner un parche sobre otro... pero un parche siempre sigue siendo un parche.
Y así pasan los días. Dejamos la conversación incómoda para mañana. El perdón para más adelante. Ese llamado, ese abrazo, ese "me equivoqué", ese "necesito ayuda". Total... un día más no cambia nada.
Hasta que cambia todo.
Porque las pequeñas cosas que dejamos pendientes no desaparecen. Se acumulan. Se hacen peso. Se vuelven piedras que vamos guardando en la mochila sin darnos cuenta. Al principio casi no se sienten. Después cuesta caminar. Y un día las piernas ya no responden y todo se nos viene encima.
¿Y ahora? ¿Todavía te podés levantar?
Ojalá que sí.
Porque la vida no se detiene a esperarnos. El tiempo no hace pausas mientras resolvemos lo que fuimos dejando de lado.
Y entonces llega la tormenta.
Con viento. Con lluvia. Con los pies empapados. A veces hasta con piedras.
Nadie la invita. Nadie la elige. Simplemente llega cuando ya no hay nada más que sostener. Cuando lo que escondimos durante tanto tiempo ya no entra en ningún rincón.
Y aunque duele... la tormenta tiene algo que el silencio nunca tuvo: mueve.
Arranca las hojas secas. Rompe las ramas débiles. Hace volar los disfraces. Obliga a mirar de frente lo que veníamos evitando.
A veces limpia.
A veces solo revuelve todo y parece empeorar las cosas.
Pero solo cuando el agua baja descubrimos qué valía la pena salvar y qué era momento de dejar ir.
Por eso, si hoy todavía podés elegir... no acumules.
Decí lo que sentís.
Pedí perdón.
Perdoná.
Llorá si hace falta.
Pedí ayuda si ya no podés solo.
Abrazá más.
Postergá menos.
Porque las tormentas van a llegar igual. Siempre llegan.
La diferencia es si te encuentran cargando una mochila llena de piedras...
O caminando mucho más liviano.