De las intermitencias de la muerte y el antiguo arte de aburrirse. Que no hacer nada se asemeja al umbral del último día. Contemplar una pared sin finalidad alguna termina - por causa de uno poseer alma de poeta o acaso la poesia se desubre asi a uno - por pensar en algo. La nada es un invento, creamos la idea sobre la nada como último espacio de refugio al todo: ruido, miedo, llanto, frio.
El trabajo de inventarnos una nada conlleva más de nosotros que acaso el permitirnos cerrar los ojos sin más. En las tinieblas de la mente, ella juega a ser libre. Un juego apenas. La telaraña de la rutina teje lento, pero fino - igual que los molinos de Dios-; tanto que no importa salir disparando desde antes de la linea de salida. Tiempo y trabajo nos han llevado hasta allí en primer lugar.
Propongo un juego en este día casualmente lluvioso, de inventar la nada. Detener el progreso del todo. Acallar la voz del mañana, el porvenir. Por ahora. Promete en el hoy y por ahora.
Quisiera que mi nada estuviera compuesta por alguna de estas cosas que… ¿Ves?, ya fallé.
Espero que tú lo logres, con paciencia del tipo pared sin poesia y telarañas que se destejen por el peso del esfuerzo.
Ya no somos nada, comienza por ahí.