Hay momentos en los que uno responde “está bien, te entiendo”, aunque por dentro tenga tantas cosas que decir.
No porque realmente esté bien.
Sino porque a veces da miedo decir lo que sentimos cuando sabemos que la otra persona podría alejarse.
Nos tragamos el “¿por qué eres así conmigo?”, el “¿por qué me haces sentir que no te importo?”, el “si supieras cuánto te quiero, entenderías cuánto me duele esto”.
Y seguimos hablando como si nada, intentando parecer tranquilos mientras por dentro estamos tratando de entender cómo alguien que significa tanto para nosotros puede hacernos sentir tan pequeños.
Quizás muchas veces no nos callamos porque no tengamos nada que decir, sino porque tenemos demasiado que perder.
Pero con el tiempo aprendí que guardar constantemente lo que sentimos tampoco nos protege. Porque podemos evitar una discusión, pero terminamos teniendo una conversación pendiente con nosotros mismos.
Y nadie debería acostumbrarse a tragarse sus sentimientos para conservar un lugar en la vida de alguien.
Porque querer a una persona no debería significar aprender a callar todo aquello que nos duele por miedo a que se vaya.