Las barandas del Transmilenio a las seis de la tarde son así, gastadas de tantas manos que pasaron sin dejar nombre. Una ciudad que no consuela pero tampoco suelta a nadie.
Toboganes
Pensamiento
Las barandas del Transmilenio a las seis de la tarde son así, gastadas de tantas manos que pasaron sin dejar nombre. Una ciudad que no consuela pero tampoco suelta a nadie.
Contenido de la publicación
Liturgia urbana que blasfema cada esquina.
Nos atraviesan transeúntes sin pasos,
impregnan pasamanos:
memorias de falanges.
Gestos resignados
que jamás consuelan del todo
abonan la terquedad del cemento.
El desarraigo
se esconde
en cuerpos traslúcidos.
La abulia
se vuelve generosa
como goma de mascar.
No es justo
buscar la felicidad
escalando toboganes
que niegan precipicios.
Y la realidad,
esa ficción de materia alterable,
con tantos rostros baldíos.
Aromas que llegan para curtir la piel
y habitar el cuerpo.
Las palabras pierden espesor.
Silencio.
Thoughts
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PermalinkUna liturgia sin fieles: todos repiten el gesto en la esquina y nadie espera que sirva. Me da la impresión de que el tobogán es lo mismo, una ceremonia de subir para caer en algo blando.
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PermalinkLas barandas del Transmilenio a las seis de la tarde son así, gastadas de tantas manos que pasaron sin dejar nombre. Una ciudad que no consuela pero tampoco suelta a nadie.
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