En el texto la palabra libertad trabaja en dos turnos. Una es la de Berlin, la negativa: que nadie te frene, y ahí la carretera abierta es la imagen justa. La otra es decidir por una misma, y esa recién aparece en el Gran Cañón, cuando las opciones ya se cerraron. Fijate que la película consigue la segunda justo cuando pierde la primera, y por eso el final incomoda tanto: te obliga a llamar libre a una elección sin salida. Yo no estoy segura de aceptarlo.
Thelma & Louise — La libertad también puede ser un camino sin regreso
Thelma & Louise es una película que comienza como una escapada relativamente sencilla y termina convirtiéndose en una de las historias más reconocibles del cine sobre la libertad, la amistad y la…
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En el texto la palabra libertad trabaja en dos turnos. Una es la de Berlin, la negativa: que nadie te frene, y ahí la carretera abierta es la imagen justa. La otra es decidir por una misma, y esa recién aparece en el Gran Cañón, cuando las opciones ya se
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Thelma & Louise es una película que comienza como una escapada relativamente sencilla y termina convirtiéndose en una de las historias más reconocibles del cine sobre la libertad, la amistad y la necesidad de escapar de una vida que parece haber sido diseñada por otras personas.
Ridley Scott toma la estructura clásica de una road movie y la transforma mediante algo que modifica completamente nuestra relación con el género: en lugar de seguir a dos hombres que abandonan sus responsabilidades para descubrir el mundo, acompaña a dos mujeres que empiezan a comprender que buena parte de su vida estuvo determinada por aquello que los demás esperaban de ellas.
Y creo que ahí está lo más interesante de la película. Thelma y Louise no comienzan su viaje intentando cambiar el mundo ni convertirse en símbolos de ninguna causa. Simplemente quieren pasar un fin de semana juntas, alejarse un poco de sus rutinas y experimentar durante unos días una libertad que prácticamente nunca se permiten disfrutar.
Pero todo cambia cuando Thelma sufre una agresión sexual y Louise interviene para protegerla. Lo que inicialmente parecía una aventura termina convirtiéndose en una huida donde cada nueva decisión parece alejarlas todavía más de la posibilidad de regresar a sus vidas anteriores.
Y ahí aparece una pregunta que me parece fundamental: ¿qué significa ser libre cuando el mundo parece estar constantemente intentando decidir qué podemos hacer con nuestra propia vida?
¿En qué momento dejamos de vivir la vida que queremos y empezamos a vivir aquella que los demás esperan de nosotros?
Geena Davis interpreta a Thelma, una mujer que está acostumbrada a vivir bajo las exigencias de un marido que controla buena parte de sus decisiones. Al comienzo parece insegura, ingenua y completamente dependiente de la aprobación de quienes la rodean. No tiene demasiado claro qué quiere hacer con su vida porque, durante mucho tiempo, prácticamente no tuvo la oportunidad de preguntárselo.
Louise, interpretada por Susan Sarandon, es muy diferente. Tiene una personalidad mucho más independiente, conoce mejor los peligros que pueden encontrar durante el viaje y parece haber construido una serie de mecanismos destinados a protegerse de un mundo donde aprendió que confiar demasiado puede tener consecuencias terribles.
Y lo extraordinario es que ninguna de las dos posee realmente toda la libertad que parece representar frente a la otra.
Thelma está atrapada dentro de una vida que otros organizaron para ella.
Louise parece haber conseguido cierta independencia, pero continúa condicionada por experiencias que nunca terminó de superar.
Y creo que ahí aparece una de las grandes virtudes del guion de Callie Khouri: construir dos personajes que comienzan el viaje desde lugares completamente diferentes, pero que progresivamente descubren cuánto tienen en común.
La amistad entre ellas funciona porque ninguna necesita ser perfecta para acompañar a la otra. Discuten, se equivocan, se enojan y toman decisiones que muchas veces terminan complicándoles todavía más la existencia. Sin embargo, cuando la situación se vuelve verdaderamente peligrosa, descubren que su relación es prácticamente lo único en lo que pueden continuar confiando.
¿Por qué la carretera parece ofrecerles algo que nunca consiguieron encontrar en sus propias casas?
Desde lo cinematográfico, me encanta cómo Ridley Scott utiliza los paisajes estadounidenses. Las carreteras interminables, los desiertos, las montañas y los enormes espacios abiertos construyen una sensación de libertad que contrasta directamente con las vidas que Thelma y Louise dejaron atrás.
Hay algo extraordinario en que cuanto más complicado se vuelve su futuro, más hermosos parecen los lugares que recorren.
La película utiliza una tradición profundamente vinculada con el cine estadounidense: la idea de que la carretera representa la posibilidad de abandonar aquello que conocemos para descubrir quiénes somos cuando finalmente podemos movernos sin restricciones.
Pero Scott y Khouri modifican esa tradición al mostrar que la libertad del camino no está distribuida de la misma manera para todos. Las mujeres protagonistas deben enfrentarse constantemente a hombres que intentan controlarlas, intimidarlas, utilizarlas o decidir qué deberían hacer con sus propias vidas. Y eso introduce una contradicción muy interesante: el paisaje se vuelve cada vez más abierto mientras las posibilidades reales de elegir su destino parecen reducirse progresivamente.
Y quizás ahí esté la verdadera tragedia de Thelma & Louise.
Consiguen experimentar una libertad que prácticamente nunca habían tenido, pero cada decisión destinada a conservarla termina alejándolas todavía más de la posibilidad de construir una vida donde puedan disfrutarla sin necesidad de escapar.
¿Cuánto puede cambiar una persona cuando finalmente descubre que tiene derecho a decidir?
Me interesa especialmente la transformación de Thelma porque creo que es el personaje que experimenta el cambio más evidente durante la película.
Al principio está acostumbrada a pedir permiso, justificar sus decisiones y aceptar que otras personas poseen una autoridad que ella no se atreve a cuestionar. Pero a medida que avanza el viaje empieza a descubrir una seguridad que nunca había conseguido desarrollar dentro de su matrimonio.
Y Geena Davis está extraordinaria porque transmite ese cambio sin convertirlo en una transformación completamente artificial. Thelma sigue siendo impulsiva, comete errores y muchas veces interpreta las situaciones con una ingenuidad que termina perjudicándolas. Pero progresivamente comienza a comprender que también tiene derecho a tomar decisiones y que su vida no puede continuar organizada exclusivamente alrededor de aquello que otros consideran conveniente.
Louise, en cambio, realiza un recorrido diferente. Su aparente seguridad comienza a mostrar pequeñas grietas cuando los acontecimientos la obligan a enfrentarse nuevamente con experiencias que prefería mantener enterradas.
Susan Sarandon consigue transmitir una enorme cantidad de información mediante pequeños gestos. Hay momentos donde Louise parece tener todo bajo control y otros donde comprendemos que está haciendo un esfuerzo extraordinario para no derrumbarse delante de su amiga.
Y creo que ahí la película encuentra una dimensión emocional particularmente interesante: a veces la persona que parece estar sosteniendo a todos los demás también necesita encontrar a alguien que pueda sostenerla.
La relación entre ambas termina modificándose porque Thelma deja de depender completamente de Louise y empieza a convertirse en alguien capaz de acompañarla de una manera diferente. Ya no estamos viendo solamente a una mujer experimentada intentando proteger a su amiga. Estamos viendo cómo dos personas descubren que pueden confiar mutuamente en sus propias capacidades.
¿Es posible volver a nuestra vida anterior después de descubrir que nunca fuimos verdaderamente libres?
El último tramo de Thelma & Louise me parece extraordinariamente interesante porque la película empieza a enfrentarnos con una contradicción que no tiene una solución sencilla.
Thelma y Louise tomaron decisiones graves, algunas de ellas absolutamente desesperadas, y saben perfectamente que no pueden continuar escapando para siempre. Pero también comprenden que regresar significaría enfrentarse nuevamente a un mundo donde buena parte de sus posibilidades de decisión está condicionada por instituciones y personas en las que ya no confían.
Y ahí el final adquiere una dimensión mucho más compleja que la de una simple historia sobre dos fugitivas intentando evitar su detención.
La secuencia del Gran Cañón me parece una de las imágenes más poderosas de toda la película. Ridley Scott utiliza la inmensidad del paisaje para construir una situación donde la libertad parece estar delante de las protagonistas, pero donde el camino que recorrieron finalmente llega a su límite.
Y creo que lo extraordinario es que la película nunca pretende convertir esa decisión en una respuesta sencilla.
Podemos interpretarla como un acto de resistencia, como una tragedia o como la consecuencia de una serie de acontecimientos donde prácticamente todas las alternativas terminaron cerrándose. El final no elimina ninguna de esas posibilidades.
Lo que sí hace es permitir que Thelma y Louise compartan una última decisión en la que ninguna está simplemente siguiendo las órdenes de otra persona.
Y quizás por eso esa imagen resulta tan extraordinariamente conmovedora.
Porque durante buena parte de la película observamos a dos mujeres que intentan escapar de las expectativas, los abusos y las limitaciones que condicionaron sus vidas. Su viaje les permite conocerse de una manera completamente diferente y descubrir una amistad mucho más profunda que aquella con la que comenzaron.
Pero también nos obliga a preguntarnos por qué la posibilidad de sentirse verdaderamente libres terminó convirtiéndose en algo tan difícil de conservar.
Thelma & Louise tiene momentos donde su simbolismo puede resultar demasiado evidente y algunas situaciones funcionan principalmente para empujar a sus protagonistas hacia el siguiente conflicto. Pero la extraordinaria química entre Susan Sarandon y Geena Davis, los paisajes de Ridley Scott y la manera en que la película transforma una escapada entre amigas en una reflexión sobre la libertad consiguen que su historia permanezca muchísimo más tiempo en nuestra memoria que el propio viaje.
Porque quizás crecer también implique descubrir que no siempre podemos regresar a la vida que conocíamos después de haber experimentado algo diferente.
Y ahí está, para mí, lo más conmovedor de Thelma & Louise: dos mujeres que salen de viaje para escapar durante un fin de semana de sus propias vidas y terminan descubriendo que aquello de lo que realmente necesitaban escapar era de todas las personas que nunca les habían permitido vivirlas como querían.
Thoughts
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PermalinkPues mira, el coche se queda congelado en el aire y la pantalla se va a blanco, nadie ve la caída. Ahí la película ya eligió una lectura, por mucho que el texto diga que las deja todas abiertas. La gente, cuando le toca despedir a alguien, pide justo eso: quedarse con la imagen de antes.
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PermalinkEn el texto la palabra libertad trabaja en dos turnos. Una es la de Berlin, la negativa: que nadie te frene, y ahí la carretera abierta es la imagen justa. La otra es decidir por una misma, y esa recién aparece en el Gran Cañón, cuando las opciones ya se cerraron. Fijate que la película consigue la segunda justo cuando pierde la primera, y por eso el final incomoda tanto: te obliga a llamar libre a una elección sin salida. Yo no estoy segura de aceptarlo.
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