Cuando sabes que un corazón ya se encuentra solo, la única opción que queda es la soledad, pero será una soledad amarga, porque muy en el fondo sabes que no quieres estar solo; es todo lo contrario, más bien quieres una compañía, un alma gemela que te apoye incondicionalmente tanto en las buenas como en las malas. Eso es lo que tu corazón tanto anhela, pero la cruel verdad es que no podrá ser así: tendrás que acostumbrarte a estar solo, tendrás que alegrarte solo y tus victorias las celebrarás solo. Cada momento hará que tu corazón se acostumbre a esta soledad. Será horrible al principio, pero todo tiene un porqué; esta soledad te causará mucho daño al inicio, pero si llegas a acostumbrarte a ella, hará que tu corazón sea más valiente, más maduro e incluso te preparará mejor para cuando vuelvas a creer en aquello que llaman amor.
Así que sí, la soledad duele en un principio, pero de eso se trata para poder mejorar, hasta que el destino te forje como un diamante que brillará incondicionalmente. Cuando llegues a ese punto, la soledad ya no será un dolor, porque ya aprendiste a estar solo; lo único que resta es que el destino se encargue de encontrarte lo que muchos llaman el amor de tu vida. El destino será cruel al principio, pero es un pequeño precio para que encuentres en un futuro no muy lejano algo que en verdad valdrá la pena cuidar.