Después de la tormenta viene la calma; ahora comprendo muy bien esa pequeña frase. Después de tanto tiempo llorando desconsoladamente, uno comprende que debe salir adelante, pero hacer las paces con la persona que amabas con todo tu corazón es la mejor sensación que le puedes dar a tu alma. El saber que no te odia es la mejor respuesta que puedes haber escuchado; volverás a ser feliz con eso. Saber que ahora podremos vernos sin ningún recelo es un sentimiento nuevo, pero sin dudarlo deberás alegrarte por cada logro que ella tenga en su vida. Recuérdala siempre con amor, con respeto y con bondad.
De aquí en adelante los dos seguirán con sus vidas, marcados por los recuerdos que construyeron juntos. Los dos deberán vivir solos por un tiempo, pero que ese tiempo sea para crear nuevas experiencias, nuevas vivencias, nuevos sueños, pero sobre todo nuevas metas. Darle tiempo al tiempo será algo que los dos deberán comprender; nadie sabe lo que puede pasar, pero si en algún momento se vuelven a encontrar y el sentimiento no se ha desvanecido, lo más seguro es que uno lo vuelva a intentar. Pero si no es el caso, alégrense juntos, rían y sean buenos amigos.
Hablo de mi experiencia; cada uno puede albergar sentimientos diferentes. Pero yo ya sané, curé mi corazón, logré encontrar la paz, volví a mi felicidad y es momento de seguir adelante. La veré en algún momento y nuestras miradas ya no serán frías, sino más bien serán de agradecimiento. Voy a esperar todo el tiempo; si necesito años, la esperaré. Hasta entonces, velaré por mis sueños y aspiraciones. Este no es el final de mi historia, solo el destino me dirá cómo terminará esta etapa de mi vida. Yo seré paciente hasta que el destino y Dios me vuelvan a juntar con la persona que estoy destinado a amar. Amaré a aquella mujer hasta que mi corazón ya la pueda soltar. En fin, solo esperaré y la miraré sonreír; ese será aquel regalo que tanto he deseado, verla sonreír es más que suficiente para mi corazón. La amo y la seguiré amando.
Para Diana.