Te vi.
Y por un momento sentí que todo aquello que creía haber superado volvía a aparecer.
No porque hubiera pasado algo entre nosotros en ese instante, sino porque bastó con verte para recordar todo lo que alguna vez sentí.
Y qué extraño es descubrir que una persona puede estar frente a ti durante unos segundos y, aun así, despertar recuerdos que llevabas meses intentando guardar.
Te vi y pensé en todo.
En cómo empezó.
En las veces que esperaba tus mensajes.
En las conversaciones que me hacían sonreír sin darme cuenta.
En las ilusiones que construí sin saber si algún día llegarían a convertirse en realidad.
Y también pensé en todas las veces que me pregunté si había hecho mal en enamorarme.
Porque quizá habría sido más fácil no sentir nada.
No esperar.
No imaginar.
No darle un significado especial a cada pequeño momento.
Pero yo no sabía cómo evitarlo.
Cuando quieres a alguien de verdad, no puedes regresar al principio y decirte: “esta vez no te enamores.”
Simplemente sucede.
Y después, cuando las cosas no salen como esperabas, empiezas a desear haber protegido un poco más tu corazón.
Eso fue lo que sentí cuando te vi.
Una parte de mí quería pensar que nunca debí enamorarme.
Que nunca debí pensar tanto en ti.
Que quizá habría sido mejor si nuestros caminos nunca se hubieran cruzado.
Pero mientras más lo pensaba, más entendía que tampoco quería borrar todo lo que vivimos.
Porque aunque terminó doliendo, también hubo momentos que fueron reales para mí.
Hubo sonrisas que no fingí.
Hubo ilusión.
Hubo cariño.
Hubo una versión de mí que fue feliz simplemente porque tú estabas ahí.
Y no quiero odiar esa versión de mí solamente porque la historia no terminó como esperaba.
Tal vez el error no fue enamorarme.
Tal vez fue pensar que porque yo sentía tanto, necesariamente tenía que terminar de la misma manera.
Y ahora sé que no siempre funciona así.
A veces quieres a alguien y aun así tienes que dejarlo ir.
A veces una persona puede significar muchísimo y no quedarse para siempre.
Y eso no convierte lo que sentiste en algo falso.
Así que sí, te vi y me dolió el corazón.
Por un instante quise pensar que nunca debí enamorarme de ti.
Pero después entendí que no me arrepiento de haber sentido.
Me arrepiento, quizá, de todas las veces que me olvidé de mí mientras intentaba sostener algo que no dependía solamente de mí.
Y esa diferencia lo cambia todo.
Porque algún día quiero poder recordar tu nombre sin preguntarme qué habría pasado si las cosas hubieran sido diferentes.
Quiero simplemente pensar:
“Te quise mucho. No funcionó. Y aun así, sobreviví a la historia que alguna vez pensé que no podría soltar.”