Qué dolor te cause por no sentirme viva,
qué desgarro pararme en tus ojos
y ver desde tu alma cómo la mía se marchita,
qué vacío en mi garganta escuchar tus pasos que vienen entrando para secar mis lágrimas mientras yo apenas respiro,
qué injusto para vos que tengas que verme como jamás quisieras verme,
qué estruendo en mi mente que me separa de mi cuerpo y no siente tu caricia,
qué aberrante darme vida y yo sin saber cómo vivirla,
qué alivio entre tanto ruido oír un grito susurrado que con amor te lleva hacia el otro lado,
poniéndome de pie, sacándome del barro.