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Siempre un poco de más

elizlanderbeth
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A veces no sé cómo sentirme.

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Contenido de la publicación

A veces no sé cómo sentirme.

No sé qué decir sin sentir que estoy molestando. No sé cuánto puedo contar sin que la otra persona piense que soy demasiado. No sé cuándo hablar y cuándo quedarme callada. No sé si preguntar es demostrar interés o si simplemente estoy buscando una seguridad que debería poder darme sola.

Y estoy cansada de pensar tanto.

Cansada de revisar conversaciones en mi cabeza para encontrar en qué momento dije algo mal.

De pensar si fui demasiado intensa.

Si fui demasiado distante.

Si contesté mal.

Si tardé demasiado.

Si mostré demasiado interés.

Si no mostré suficiente.

Es agotador sentir que cualquier cosa que hago puede ser interpretada como algo que está mal.

Y lo peor es que muchas veces termino llegando a la misma conclusión:

capaz el problema soy yo.

Capaz nadie puede soportar mi carácter.

Capaz soy demasiado complicada.

Capaz quiero demasiado.

Capaz siento cosas que nadie tiene ganas de sentir conmigo.

Y odio pensar así porque sé que no debería.

Sé que querer a alguien no debería sentirse como estar rindiendo un examen constantemente.

No debería tener que preguntarme si la otra persona se va a cansar de mí por tener un mal día.

No debería tener miedo de decir que extraño.

No debería tener que medir cuánto cariño doy para que no parezca que necesito demasiado.

Pero lo hago.

Lo pienso todo.

Porque hay una parte de mí que siempre está esperando que me dejen.

Y quizás por eso doy tanto antes de que me lo pidan.

Doy atención.

Tiempo.

Detalles.

Palabras.

Me acuerdo de cosas pequeñas que me contaron una vez y después aparecen en mi cabeza meses más tarde.

Pienso en qué podría gustarle al otro.

Hago espacio.

Intento entender.

Intento estar.

Y después me doy cuenta de que quizás para la otra persona todo eso era solamente un pasatiempo.

Algo lindo mientras duró.

Una compañía.

Una distracción.

Algo que estaba bien tener pero que tampoco iba a cambiar demasiado su vida.

Y yo, en cambio, ya había empezado a hacerle espacio en la mía.

Eso es lo que más me rompe.

No saber si para la otra persona significó lo mismo.

Porque yo puedo sentir muchísimo y demostrar poquísimo.

Puedo estar completamente enamorada y actuar como si no pasara nada.

Puedo extrañar a alguien y no escribirle.

Puedo necesitar un abrazo y hacerme la que estoy perfectamente bien.

Y después llego a mi casa y todo lo que no dije vuelve.

Vuelve en forma de pensamientos.

De escenarios imaginarios.

De conversaciones que nunca voy a tener.

De preguntas que probablemente nunca voy a hacer porque me da miedo conocer la respuesta.

Y ahí es cuando me doy cuenta de lo intensa que puedo ser por dentro.

Porque nadie ve todo lo que pasa ahí.

Nadie ve cuántas veces puedo pensar en una persona sin mencionarla.

Nadie ve todas las cosas que quiero decir y termino guardándome.

Nadie ve lo mucho que puedo querer a alguien mientras intento desesperadamente que no se note.

Y eso también me hace sentir ridícula.

Porque, ¿qué sentido tiene querer tanto si no puedo dejar que el otro lo sepa?

A veces pienso que quizás aprendí a querer de una manera demasiado silenciosa.

Doy mucho, pero tengo miedo de pedir.

Siento mucho, pero tengo miedo de mostrar.

Necesito mucho, pero intento necesitar poco.

Y después me sorprendo cuando termino sintiéndome sola.

Es absurdo.

Y duele.

Duele sentir que pocas veces sos la persona que alguien elige primero.

Que siempre hay algo más importante, alguien más interesante, otra prioridad, otro lugar donde estar.

Duele empezar a acostumbrarte a ser la opción que está cuando todo lo demás termina.

Y quizás lo peor es que cuando alguien finalmente parece elegirte, ni siquiera sabés qué hacer con eso.

Desconfiás.

Esperás el momento en el que se canse.

Esperás descubrir que no era tan real como parecía.

Esperás que aparezca algo mejor.

Porque una parte de vos ya aprendió que no hay que emocionarse demasiado con que alguien se quede.

Y no quiero vivir así.

No quiero que el amor se convierta en una habitación llena de preguntas.

No quiero sentir que querer a alguien significa estar confundida todo el tiempo.

No quiero preguntarme si me quieren.

No quiero tener que interpretar cada mensaje.

No quiero sentir que tengo que ser menos para que alguien pueda quedarse.

Porque si para que alguien me quiera tengo que convertirme en una versión más cómoda de mí, entonces quizás nunca me quiso a mí.

Y eso es algo que todavía me cuesta aceptar.

A veces pienso que si algo tiene que sentirse tan difícil desde el principio, quizás simplemente no es correcto.

Quizás no todo lo que sentimos está destinado a quedarse.

Quizás algunas personas llegan, nos despiertan cosas que no sabíamos que existían y después se van.

Y quizás no hay una explicación más profunda.

Quizás no había un destino.

Quizás no era "la persona indicada en el momento equivocado".

Quizás simplemente no era.

Y qué horrible es aceptar eso cuando vos sí querías que fuera.

Porque yo no quiero dejar de creer en el amor.

Quiero seguir creyendo que algún día voy a poder querer a alguien sin sentir que estoy haciendo algo mal.

Quiero poder ser intensa sin sentir vergüenza.

Quiero poder decir "te extraño" sin pensar que estoy siendo una carga.

Quiero poder tener un mal día sin pensar que la otra persona va a cansarse de mí.

Quiero que alguien conozca mi carácter completo, no solamente la versión fácil.

La que está de buen humor.

La que responde rápido.

La que hace reír.

También la que se encierra, la que sobrepiensa, la que necesita espacio y después necesita cariño, la que se pone sensible por cosas que quizás parecen pequeñas, la que a veces no sabe explicar qué le pasa.

Quiero que alguien pueda mirarme y no pensar:

"Qué difícil."

Sino:

"Bueno, hoy es uno de esos días. Estoy acá."

Y quizás eso sea todo lo que siempre quise.

No que alguien me salve.

No que alguien aguante todo por obligación.

Solo alguien que no me haga sentir que tengo que ganarme el derecho a ser querida.

Porque estoy cansada de sentir que querer es algo que tengo que hacer con cuidado.

Como si cualquier movimiento brusco pudiera hacer que la otra persona se fuera.

Y quizás algún día entienda que el amor no debería sentirse así.

Que no debería doler tanto antes siquiera de empezar.

Que no debería tener que convencerme de que alguien me quiere.

Que no debería sentir que soy demasiado.

Y si alguna vez vuelvo a sentir todo eso, quizás no sea que estoy pidiendo demasiado.

Quizás solamente estoy intentando recibir amor de un lugar donde nunca hubo suficiente para mí.

Y quizás esa sea la parte más dolorosa de todas:

no que alguien no me haya elegido, sino haber pasado tanto tiempo intentando convertirme en alguien que finalmente pudiera ser elegida.

Thoughts

  • TeresaGuz

    Hace muchos años me carteaba con una amiga que se marchó fuera, y alguna carta la rompí antes de echarla al buzón porque me parecía que decía demasiado. Ya no sé qué ponía, pero recuerdo la sensación de medir el cariño por líneas. Con tu lista de todo lo que das he pensado que lo que no se manda también pesa.

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  • Cecilita

    Se me quedó clara la parte de las cosas chiquitas que alguien te contó una vez y te vuelven meses después. En mi casa la que más se acuerda de lo que dijo cada una es mi hermana menor, y nunca lo anuncia: aparece con el pan que te gusta.

    A mí me parece que esa memoria callada es su manera de querer, y nosotras la vemos tarde.

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