A veces siento que fui una niña demasiado adulta y ahora soy una adulta demasiado niña.
Y no sé si a alguien más le pasa o si solamente yo tengo esta contradicción adentro.
De chica aprendí demasiado pronto a entender, a adaptarme, a no molestar, a soportar. A veces ni siquiera hacía falta que alguien me dijera que tenía que madurar; simplemente sentía que no había demasiado espacio para ser una niña.
Entonces aprendí a ser fuerte.
A aguantar.
A pensar antes de pedir.
A no necesitar demasiado.
Y durante mucho tiempo pensé que eso era madurar.
Ahora que soy adulta me doy cuenta de que quizás algunas partes de mí nunca tuvieron la oportunidad de hacerlo.
Por eso a veces necesito que me cuiden.
Necesito sentirme protegida.
Necesito que alguien me diga que no pasa nada y creerle, aunque sea por un rato.
Me emocionan cosas que quizás debería haber dejado atrás hace años. Me entusiasmo demasiado, me encariño rápido con ciertas cosas, puedo pasar horas imaginando, quiero cariño sin saber pedirlo y hay días en los que solamente quiero olvidarme de todo y que alguien más se encargue.
Y durante mucho tiempo me dio vergüenza.
Pensaba: "¿No se supone que ya debería haber superado esto?"
Pero quizás no se trata de superar nada.
Quizás hay una parte de mí que está reclamando, por fin, el derecho a descansar.
A depender un poquito de alguien sin sentir que estoy perdiendo mi independencia.
A pedir ayuda sin sentir que fracasé.
A ser vulnerable sin tener que disculparme.
A no saber qué hacer.
A emocionarme.
A ser espontánea.
A tener días en los que no quiero ser fuerte.
Porque fui resistente antes de saber siquiera que estaba siendo resistente.
Y quizás esa es la parte que más me cuesta aceptar: que muchas de las cosas que hoy parecen "infantiles" en mí no nacieron de la inmadurez.
Nacieron de una niña que tuvo que aprender a sostenerse cuando todavía necesitaba que la sostuvieran.
Entonces sí, quizás ahora soy una adulta que a veces parece demasiado niña.
Pero también creo que hay una niña dentro de mí que todavía está esperando que alguien le diga:
"Ya no tenés que poder con todo."
Y esta vez quiero ser yo quien se lo diga.
Podés descansar.
Podés necesitar.
Podés ser sensible.
Podés dejar que te quieran.
No tenés que crecer más rápido.
Ya creciste demasiado.