CAPÍTULO 3 — LO QUE EL CUBO OCULTA
La noche había cubierto completamente la ciudad.
Cian permanecía en el callejón.
Frente a él, el Cubo Negro seguía flotando.
Laura estaba a unos metros de distancia.
Cian miró el cubo.
Después miró a Laura.
—Dijiste que conoce el pasado, el presente y el futuro.
Laura asintió lentamente.
—Sí.
—¿Cómo?
—No lo sé.
Cian frunció el ceño.
—¿No lo sabes?
—No todo.
—Entonces sabes algo.
Laura no respondió.
Cian cruzó los brazos.
—Laura.
—¿Qué?
—No puedes decirme algo así y después responder que no sabes.
Laura soltó una pequeña sonrisa.
—Puedo.
Cian la miró seriamente.
—No tiene gracia.
—Lo sé.
El cubo giró lentamente.
Cian volvió a observarlo.
—¿Entonces qué sabes?
Laura se acercó unos pasos.
—Sé que ese cubo no funciona como cualquier objeto.
—Eso ya lo noté.
—También sé que no debes intentar forzarlo.
Cian levantó una ceja.
—¿Forzarlo?
—Intentar abrirlo, romperlo o utilizarlo de una manera que no comprendas.
Cian miró el cubo.
—¿Y cómo se supone que voy a utilizarlo si ni siquiera sé qué hace?
Laura se quedó pensativa.
—Tal vez no tengas que utilizarlo.
Cian la miró confundido.
—Entonces, ¿para qué me lo diste?
Laura tardó unos segundos en responder.
—Yo no te lo di.
Cian frunció el ceño.
—¿Qué?
—Solo te lo entregué.
—Eso es prácticamente lo mismo.
—No.
Laura señaló el cubo.
—Hay una diferencia.
Cian guardó silencio.
—¿Cuál?
Laura lo miró directamente.
—Tú no lo elegiste.
Cian miró el cubo.
—¿Entonces... él me eligió a mí?
Laura no respondió.
Cian volvió a mirarla.
—Laura.
Silencio.
—¿Sí o no?
Laura finalmente habló.
—Eso parece.
Cian soltó una pequeña risa nerviosa.
—Genial.
—¿Qué?
—Tengo un cubo misterioso flotando delante de mí que aparentemente me eligió.
—Sí.
—Y tú no sabes por qué.
—Correcto.
—Perfecto.
Laura sonrió.
—Te estás tomando esto bastante bien.
Cian la miró.
—No, en realidad estoy bastante asustado.
Laura dejó de sonreír.
Cian bajó la voz.
—Solo intento no demostrarlo.
Durante unos segundos ninguno habló.
El cubo continuaba flotando.
Entonces Cian levantó lentamente la mano.
—¿Puedo tocarlo?
Laura lo miró.
—Puedes intentarlo.
—¿Intentarlo?
—Sí.
Cian acercó un dedo.
Estaba a centímetros del cubo.
—¿Y qué pasa si...?
—No lo sé.
Cian retiró la mano.
—Dejas de ayudar bastante rápido.
Laura soltó una pequeña risa.
—Lo siento.
Cian volvió a acercarse.
Esta vez tocó el cubo.
**FSSSH...**
Una pequeña onda negra recorrió su superficie.
Cian abrió los ojos.
—¿Qué fue eso?
Laura dio un paso hacia atrás.
—No lo sé.
—¡Tú dijiste que podía tocarlo!
—Dije que podías intentarlo.
—¡Eso no es lo mismo!
El cubo comenzó a vibrar.
Cian retrocedió.
—Laura...
—No lo toques.
—¡Ya no lo estoy tocando!
El cubo permaneció suspendido frente a ellos.
Entonces apareció una pequeña luz en una de sus caras.
Cian se quedó completamente quieto.
—¿Qué está haciendo?
Laura observó atentamente.
—No lo sé.
—¿Otra vez?
—Esta vez de verdad no lo sé.
La superficie del cubo comenzó a mostrar algo.
No era una imagen clara.
Parecía una especie de sombra.
Cian entrecerró los ojos.
—¿Eso es una persona?
Laura no respondió.
La imagen cambió rápidamente.
Un edificio.
Una calle.
Una silueta.
Después desapareció.
Cian respiró profundamente.
—¿Qué fue eso?
Laura se acercó al cubo.
—No estoy segura.
—¿Era el futuro?
—Tal vez.
—¿O el pasado?
Laura negó.
—No puedo saberlo todavía.
Cian la miró.
—Entonces el cubo tampoco es tan fácil de entender.
—Nunca dije que lo fuera.
Cian soltó una pequeña sonrisa.
—Por primera vez estamos de acuerdo.
El cubo dejó de brillar.
Todo volvió a la normalidad.
Cian observó sus manos.
—¿Eso fue todo?
Laura asintió.
—Por ahora.
—¿Por ahora?
—Sí.
Cian la miró con preocupación.
—¿Qué significa eso?
Laura guardó silencio.
Cian insistió:
—Laura.
Ella finalmente respondió:
—Que quizá vuelva a hacerlo.
—¿Cuándo?
—No lo sé.
—¿Cómo?
—Tampoco.
Cian suspiró.
—Definitivamente odio este cubo.
Laura sonrió.
—Todavía no lo conoces.
Cian miró el objeto.
—Precisamente por eso.
De repente, el cubo descendió lentamente.
Cian se preparó para atraparlo.
Pero antes de que pudiera tocarlo...
**FSSSH.**
Desapareció.
Cian abrió los ojos.
—¡¿Dónde está?!
Miró a su alrededor.
—¡Laura!
Laura permanecía tranquila.
—Tranquilo.
—¡¿Cómo quieres que esté tranquilo?!
—Porque sigue aquí.
Cian se quedó quieto.
—¿Dónde?
Laura señaló el pecho de Cian.
—Contigo.
Cian bajó la mirada.
—¿Está... dentro de mí?
—No exactamente.
—¿Entonces?
—No lo sé.
Cian se llevó una mano al pecho.
No sentía nada.
—Esto no tiene sentido.
Laura lo miró.
—No todo tiene que tener sentido todavía.
Cian levantó la mirada.
—¿Y cuándo tendrá sentido?
Laura respondió suavemente:
—Cuando estés preparado.
Cian guardó silencio.
—¿Preparado para qué?
Laura no respondió.
—Laura.
Ella comenzó a alejarse.
—Espera.
Laura se detuvo.
—¿Qué?
Cian la miró.
—¿Por qué confías tanto en mí?
Laura tardó unos segundos.
—No estoy segura de hacerlo.
Cian quedó sorprendido.
—Entonces, ¿por qué me elegiste?
Laura lo miró.
—Porque alguien tenía que hacerlo.
—¿Quién?
Laura sonrió ligeramente.
—Esa es una pregunta para otro día.
—¡No puedes seguir haciendo eso!
Laura comenzó a caminar.
—Buenas noches, Cian.
—¡Laura!
Ella no se detuvo.
Cian se quedó solo en el callejón.
Miró el cielo.
Después miró sus manos.
—¿Qué demonios eres...?
No hubo respuesta.
Pero desde algún lugar lejano...
se escuchó un sonido.
**BOOM.**
Cian levantó la cabeza.
—¿Qué fue eso?
Miró hacia los edificios.
Nada.
Volvió a mirar su pecho.
Por un instante...
una pequeña marca negra apareció sobre su ropa.
Cian abrió los ojos.
—¿Qué...?
La marca desapareció.
Cian permaneció inmóvil.
—Definitivamente algo está pasando.
Muy lejos de allí, en otro lugar de la ciudad...
una persona observaba una pantalla.
En ella aparecía una imagen borrosa de Cian.
Una segunda persona preguntó:
—¿Es él?
La primera respondió:
—Parece que sí.
—¿Y el cubo?
Silencio.
—Todavía no sabemos dónde está.
—Entonces, ¿qué hacemos?
La persona apagó la pantalla.
—Esperamos.
—¿Esperamos qué?
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—Que Cian descubra por sí mismo lo que tiene.
La pantalla se apagó por completo.
Y nadie dijo una palabra más.
Continuará...