La doctora miró al punps detenidamente.
—Vamos a hacer algo importante: vamos a sacarle sangre y plasma.
—¿Para qué? —dijeron.
—Tengo varias ideas.
Le sacaron sangre y, con una muestra, observaron al microscopio. Lo que vieron no los asombró: era apenas la punta del iceberg.
En la sangre del punps había muchos microorganismos, una mini bacteria de unos 20 micrones y algunos gusanos.
La doctora separó todo: gusanos, bacteria y el resto.
Tomó una rata y le inoculó una muestra.
La doctora salió corriendo del lugar y cerró con llave.
La rata, al principio, reaccionó de inmediato, pero en un momento salió un parásito de su cuerpo. Al principio era pequeño, pero al alimentarse del resto de la rata creció un poco más, hasta que comenzó, como un torpedo, a golpear todo.
Todos quedaron asombrados.
—Lo sospechaba —dijo la doctora—. Los punps son portadores de los parásitos. De ahí salen.
—¡Llama a los clones!
Mario y Lucia llegaron rápido.
—Preciso que lo sostengan. Quiero tomar muestras estando vivo y después muerto.
Mario entró y tomó al parásito. Le sacaron muestras y después Mario lo mató.
Luego lo abrieron, le sacaron sus vísceras y apartaron su sistema nervioso. Todo se lo llevaron.
Ahora, en la sala de análisis de sangre y tejido, todos los científicos de la planta estaban trabajando.
La doctora hizo algunos cortes en la textura y carne del parásito y lo llevó mientras otros revisaban.
Volvió.
Tomó otra rata y le inoculó bacterias.
La bacteria hizo su trabajo, pudriendo a la rata por dentro, pero nada más.
Los gusanos hicieron lo mismo.
Solo tomaron muestras de la rata enferma.
Todo se hacía con trajes de bioseguridad y tres guantes de látex estériles.
—Lava estas cosas, Marina, y ponelas en la bandeja azul, lejos de lo demás.
—Tenés puestos los tres pares —dijo, y le miró la mano.
—Sí, doc.
—Por favor, siempre, ¿sí?
La doctora despertó al punps.
—Le saqué sangre y plasma.
El punps le dijo:
—Un kinki recibió nuestra sangre una vez y no le pasó nada.
—¿Por qué? —dijo la doctora.
—Aparentemente, sus defensas son fuertes. Ahí tiene la cura.
—¿Los clones sirven?
—Sí, claro. Son kinkis, pero sepa, doc, que también hay sangre de TENIA en algunos clones.
—TENIA no fue eliminada. Vive en el planeta ARTHIAX. Y la gente de TENIA fue infectada por la bacteria. ¿Entiende?
—Oiga, doctora, tengo hambre.
—¿Qué sustancia necesita por su cuerpo?
—Ácido ascórbico, 5 carbonos.
—Ok. Inyecten estas sustancias para que se nutra —dijo ella.
—Doc, teléfono.
Cuando llegó la doctora, estaba el funcionario kinki que solía comunicarse.
—¿Cómo va, doctora?
—Estoy ocupada con muestras de tejido.
—Quería comentarle si pueden mandar más clones.
El kinki le dijo:
—Sí. Están en su órbita, vigilando la nave nodriza de los punps. Quédese tranquila.
—Tengo prisionero un punps supuestamente desertor y estamos estudiando sus tejidos. ¿Sabía usted que de ellos salen los parásitos?
—Ellos no tienen capacidad de nada, igual, doctora.
—Nosotros tenemos capacidades que ellos alguna vez soñaron.
La diferencia está en cómo se usa —dijo fríamente.
—Le deseo suerte en sus investigaciones. Le voy a enviar un emisario nuestro, un kinki que les va a ayudar en muchos aspectos. Quédese tranquila. Cambio y fuera.
La doctora vio cómo todos trabajaban
y deseaba no solo que se supiera lo que ella deseaba.
La microbiología y la parasitología jamás mentían.