Hace un tiempo te escribí una carta en base a una duda enorme.
Te pregunté entonces:
¿Será el amor más grande que Dios? ¿Sabrá Dios qué y cómo es el amor?
Entonces me llegó la respuesta.
“Si lo mejor de lo mejor del amor, Dios siempre se lo quedó para él”
Ay, mi amor, espero que me estés echando tanto de menos como yo a vos. Si cada mañana despierto esperándote. Si cada noche acomodo la cama como a vos te gustaba. Si cada vez que camino por Buenos Aires quiero encontrarte. Si cada vez que cocino, quiero escucharte. Si cada vez que escucho una guitarra sonar espero que seas vos.
“Ay, mi amor, yo sin vos, sin tus sueños.”
Solo quedan restos. Retazos. Espacios en blanco. Paisajes nublados. Colores apagados. Ya no me queda nada de tu amor, pero me quedó tanto de vos. Me quedaron tantas cosas por darte. Me quedaron tantos paseos por hacer con vos. Me quedaron tantos rostros borrosos. Me quedaron tantas risas marchitas. Me quedaron tantos dolores. Tantos calambres. Nos quedó tanto por vivir.