Se los ve muy felices, llenos de júbilo. Quizá tanta felicidad evidencie tanta ignorancia. Son tan felices con tan poco, pero la sencillez no proviene del objeto de su felicidad, sino de la precariedad de sus pensamientos. En realidad están perdidos, dispersos, aunque no lo sepan. Suelen verme a mí como el extraviado, marginado. Pero de hecho sé que estoy en el camino correcto.
Esta senda no tiene atajos ni carriles de aceleración, mucho menos señales, es por eso que suelo desviarme por las bifurcaciones incorrectas. Pero siempre procuro enderezarme lo más rápido posible. Aquí no existen los mapas ni los GPS, solo debes darle voz a tu alma.