Un día voy a escribir todo lo que siento.
No para que vuelvas.
No para que me busques.
Ni siquiera para que entiendas todo lo que alguna vez pasó dentro de mí.
Voy a escribirlo porque hay cosas que durante mucho tiempo no supe cómo decirte.
Voy a escribir sobre las veces que quise hablarte y terminé guardándome las palabras. Sobre las noches en las que pensé demasiado en nosotros. Sobre las preguntas que nunca tuvieron respuesta y sobre todas esas pequeñas cosas que quizá para ti fueron insignificantes, pero que para mí terminaron teniendo un significado enorme.
Voy a escribir sobre lo mucho que llegaste a importarme.
Sobre la ilusión que me hacía pensar que quizá esta historia podía durar más de lo que duró.
Sobre las veces que imaginé conversaciones que nunca tuvimos y finales diferentes para una historia que ya había terminado.
Y probablemente algún día tú leas algo de todo eso.
Quizá estés pasando tranquilamente por tus redes, encuentres una de mis palabras y te detengas.
La leas una vez.
Después otra.
Y te preguntes:
“¿Estará hablando de mí?”
Y probablemente sí.
Y probablemente ya no.
Porque para cuando escriba todo lo que alguna vez sentí, quizá ya no seas exactamente la persona de la que estoy hablando.
Quizá ya no duela de la misma manera.
Quizá tu nombre ya no aparezca en mi cabeza cada vez que escriba sobre una despedida.
Quizá algunos recuerdos hayan perdido el peso que alguna vez tuvieron.
Y eso no significa que nunca me importaste.
Significa que el tiempo hizo su trabajo.
Porque hoy todavía existen palabras que solamente tú podrías entender.
Hay recuerdos que todavía tienen tu forma.
Hay lugares, canciones, fechas y pequeñas cosas que inevitablemente me llevan a ti.
Pero sé que algún día todo eso cambiará.
Y cuando llegue ese día, quiero escribir también sobre eso.
Sobre cómo aprendí a recordarte sin querer volver.
Sobre cómo una persona puede ser importante en una etapa de nuestra vida y, aun así, dejar de ocupar el mismo espacio después.
Sobre cómo aprendí que no todos los sentimientos tienen que convertirse en historias para siempre.
Algunos simplemente necesitan ser sentidos, comprendidos y finalmente soltados.
Quizá por eso quiero escribirlo todo.
Porque hubo una versión de mí que se quedó con demasiadas cosas guardadas.
Una versión que muchas veces quiso decir “te extraño” pero prefirió guardar silencio.
Que quiso preguntar “¿todavía piensas en mí?” pero tuvo miedo de conocer la respuesta.
Que quiso decir “me dolió” pero terminó diciendo “estoy bien”.
Y algún día quiero que esa versión de mí tenga un lugar donde pueda decirlo todo sin miedo.
Quizá tú llegues a leerlo.
Quizá te reconozcas en alguna de mis palabras.
Quizá recuerdes cosas que yo también recuerdo.
Quizá por unos minutos vuelvas a aquella época y pienses en todo lo que fuimos.
Y quizá te preguntes cómo pude escribir tanto sobre algo que para ti terminó hace tiempo.
Pero probablemente nunca sabrás cuánto tuve que callar antes de poder escribirlo.
Porque muchas veces las palabras que más pesan son precisamente las que nunca dijimos.
Y cuando finalmente salen, ya no salen para cambiar el pasado.
Salen para dejarlo en paz.
Por eso, si algún día lees algo mío y piensas que se trata de ti, puede que tengas razón.
Y si piensas que ya no...
también puede que la tengas.
Porque quizá algunas de mis palabras siempre tengan un poco de ti, pero no necesariamente porque todavía te quiera de la misma manera.
Sino porque fuiste parte de una historia que me cambió.
Y las personas que nos cambian no desaparecen completamente de nuestra memoria.
Se transforman.
Primero son personas.
Después son recuerdos.
Luego se convierten en historias.
Y algún día, sin darnos cuenta, terminan siendo solamente una pequeña parte de todo lo que somos.
Así que sí...
Un día voy a escribir todo lo que siento.
Y quizás tú lo leas.
Quizás te preguntes si se trata de ti.
Y probablemente sí.
Y probablemente ya no.
Pero para entonces, creo que ya no importará tanto que puedas reconocerte en mis palabras.
Porque finalmente habré aprendido algo que antes no entendía:
no todo lo que escribimos es para que alguien vuelva a nuestra vida; a veces escribimos para demostrar que, después de todo lo vivido, finalmente pudimos continuar con la nuestra.