La belleza depende del gusto; en tal caso, ¿no puede existir por sí misma? Poniéndolo así, ¿sin el gusto no hay belleza?
Puedes gozar de algo y no necesariamente desmayarte al verlo.
Se manifiesta que si algo es bello, te gusta; si te gusta, es bello. Entonces la belleza deja de ser una propiedad independiente de aquello que se contempla, y pasa a ser una condición del gusto de quien lo contempla. Deja de ser un detalle y es una normalidad. Si es normal, entonces no es un gusto, porque el gusto es especial. Y entonces no es belleza.
Se podría plantear la belleza como una generalidad que puede o no coincidir con un gusto u otro. Pero, ¿cómo se determina la generalidad de la belleza? En la simetría, en aquello que destaca, en aquello que resalta; aun con el centenar de excepciones a sus características, es la única forma en que podemos manifestarla.
El gusto es aquello que el humano lleva consigo junto con el razonamiento. No obstante, al no estar determinado, ¿cómo podría conocerse la naturaleza del gusto? Se sostiene que por los sentidos; sin embargo, el hombre nace con ello y tal variante sigue existiendo. Tal caso solo corona en que proviene de la impredecible humanidad.
A menos que el hombre perciba por los sentidos de otro; afirmando o negando la belleza, se puede afirmar que un gusto es belleza, pero la belleza puede no gustar.