A menudo algunas personas preferimos guardar silencio y evitar una discusión, un mal rato o mandar todo al tacho. No le pasa que tenemos todo un monólogo cuando estamos por enfrentar un tema pero cuando llega el momento se queda en la garganta, esas ganas de gritar de enfrentar y decir lo que piensas no logra salir de tu boca.
Solo miras, callas y sigues. Un día más de lo mismo.
Qué paso en nuestra infancia para ser lo que somos? Es miedo? Cobardía? O solo es porque no nos gusta enfrentar los problemas.
Pero que sucede si por guardar silencio perdemos el brillo, nuestra identidad e incluso el sentido de nuestra vida.
No es sencillo, solo es la única opción que en nuestra infancia tuvimos para enfrentar la vida y nunca hubo alguien que nos dijera que podíamos expresar lo que sentiamos sin tener consecuencias.