No festejamos una derrota, festejamos a quienes fueron derrotados, a quienes corrieron con el alma.
El corazón no entiende de dolores, de molestias, entiende de sensaciones, y se mueve a través de ellas.
Argentina es un país que ha aprendido a soportar, a sufrir, porque el ganar implica más que dar vuelta un resultado, implica ser capaces de salir adelante, de adaptarnos a las adversidades, a lo que no esperábamos que sucediera pero que aún así pasa. Es mirarse, encontrarse y saber que como equipo el objetivo no es ganar, es padecer la victoria, que muchas veces implica ir un poco más allá.
¿Cómo pudo hacerlo? ¿cómo pudo tolerar tantas desilusiones, tantas emociones?
El himno nos recuerda fervientemente antes de cada partido, “coronados de gloria vivamos, o juremos con gloria morir”, y se los ha visto a los 11, gritarlo como si volcaran su vida en cumplir ese juramento, como si estuviera en un campo de batalla, dispuestos a plantar la bandera en lo más alto, para que todos pudieran verla, reconocerla y respetarla.
Es eso lo que se festeja, lo que se agradece, el haber hecho sangrar la camiseta, y el reconocer lo que estos 11 sufren, sienten y viven, posicionarnos como el decimosegundo, jugador, capaz de alentar hasta que duela la garganta, saltar hasta que duelan los pies, soportar lo que el corazón pide que deje de ver, que respire, y aún así haciéndolo por ellos, para devolverles el aliento que muchas veces les falta.
Y al ver a leo, al verlo contemplando a quienes están y a quienes representan a todos los que no pudimos estar, descubrimos por quién sostenemos ese grito, por quién resistimos, es por él, que dió su vida por un país que no siempre lo alentó, que no siempre estuvo, que no siempre lo reconoció, y que aún así decidió quedarse, luchar un poco más, sabiendo que un día lo verían como quien era, quien siempre fue pero que de alguna manera el destino le hizo esperar, esas victorias que marcarían quién es. Lo hacemos por él, porque él nos ha elegido incluso cuando nosotros no, nos ha demostrado lo que hace una familia, lo que hace una persona por los suyos, como también lo hicieron cada uno que corresponde el plantel, le debemos esto a él y a ellos, por haberle dado la espalda cuando él más necesitaba esa confianza, se la arrebatamos, agujereamos su victoria, lo llevamos a la desgracia, la más grande de todas, la que pesa adentro, la que permite saber quiénes somos y el valor que tenemos. Pero él siguió.
¿Cómo no vamos a seguir? ¿Cómo no vamos a gritar cada gol, cada esfuerzo, cada vez que estos 11 entran en la cancha y dejan la vida? ¿Cómo no vamos a reconocer cada intento y cada logro? si nos han esperado, nos han perdonado y han representado a más de una generación?
Han hecho historia y han llevado a la argentina, a las malvinas, al diego, a una copa del mundo, para que sea vista por todos, no sólo para seguir exigiendo lo que nos pertenece y que nos fue arrebatado, sino principalmente para que todos puedan ver el valor que tiene esta selección, para que todos puedan ver qué pone argentina cada vez que juega, más allá de lo físico, pone el alma, y se vale de ella para salir victorioso, aunque a veces, la victoria sea encontrarse con el pueblo que lo sostiene, que lo alienta por todas aquellas veces que no supo hacerlo.
Entonces, yo les pregunto, ¿cómo no hacerlo? ¿Cómo no llorar, festejar, agradecer, abrazar a una selección que lo ha dado todo, a quienes le debemos mucho más que esto?
Josefina Reichert
Hincha, argentina y psicóloga