Cargando…

De la familia a la Política en Colombia

Simon_Chiari
Pública 0 conversaciones 0 pensamientos 32 votos positivos 0 votos negativos 0 series

La conveniencia es una actitud tomada tras dimensionar dos posibilidades concretas, ambas dependiendo del escenario, el cual brinda posibles posturas. Lo más interesante es el ajuste que sufren tras…

In groups

Contenido de la publicación

La conveniencia es una actitud tomada tras dimensionar dos posibilidades concretas, ambas dependiendo del escenario, el cual brinda posibles posturas. Lo más interesante es el ajuste que sufren tras la asimilación de que pueden ser benéficas o malignas. Si se quiere la defensa ante una posible agresión, reunirse junto al hermano mayor sería más inteligente que ser acogido por el hermano menor; ahora bien, si se busca una recompensa o caricia más intensa, el hermano menor es aquel del que salen más necesidades de cuidado y afecto tras el proceso genuinamente humano: el crecimiento. ¿Qué implicaría entonces si existe una disputa en donde se culpa al hermano menor tras un suceso que no existió y este llora y rechilla a sus padres expresando que lo sucedido es una farsa? El castigo para uno se transforma en un castigo plural y designado a todos. ¿Qué pasa en ese sentido, cuando la política tras movilizaciones libres empieza a imponer proyecciones de orden y estas se ven desvirtuadas tras no encontrar un vínculo jurídicamente válido que interceda? Así, se interpretaría que en un caso concreto pueden existir variedad de posturas y ópticas; basta solo dar una repasada a los escándalos faranduleros de los que Colombia puede ser susceptible. Tras la legal, pero no del todo legítima, posesión del presidente Abelardo de la Espriella, ante su pronunciamiento, algunos dicen que el piso interno, el territorio, rugió y dio un mensaje.

​Colombia el pasado lunes 10 de agosto fue epicentro de un choque tectónico o terremoto equivalente a 7.4, lo que convirtió al país en ciertos sectores en un mar de escombros y afectaciones no solo arquitectónicas, sino también sociales, especialmente sociales. Tras la magnitud del suceso, era evidente que el pronunciamiento del poder ejecutivo es contiguo y relativo a su mandato. Así, con el pasar de los días, se movilizaron denuncias públicas de ciudadanos al respecto de una acción en Chocó: el presidente electo tiraba balones a un grupo de niños, sellado de cara como un balón del mundial, con el postulado del partido al que pertenece: “defensores de la patria”. Por supuesto, una acción reprochable dentro de una catástrofe nacional y un suceso que produjo un estado económico de riesgo y conmoción. ¿Era necesario enmarcar los balones con un titular como «salvadores de la patria»? ¿Era necesario regalar balones a jóvenes que no tienen la culpa de hacer parte de un grupo poblacional afectado? ¿Es un balón tan importante en aras de violencia para jóvenes? O, por otra parte, ¿por qué balones y no comida? ¿Un balón quita el hambre o restaura hogares? Así, una sola acción demostró que la reacción como elemento natural es diferente: algunos defienden, otros controvierten. ¿Esa es la naturaleza de la democracia o la pluralidad jurídica?

​El electorado en gran parte acude a una emotividad fundada en el sentir, en el llamamiento de imposición ante el carisma y atributos de dirigentes fuertes, en palabra, en mensaje o solo imposición. Max Weber indicaba la peligrosidad de este campo en el poder; ahora, ¿hasta qué punto el Estado o la actividad política en su actuar paterno puede intervenir (paternalismo político), y por supuesto cuáles son los presupuestos contextuales que limitan esa actividad? ¿Cómo el Estado en su intervención es neutral, de amor y cuidado, sin incurrir en arbitrariedades de poder o de crianza? Así, un sistema no tan rígido en ese campo posibilita el ingreso de propuestas como el regalo de balones para la diversión y distracción de niños, ¿pero qué pinta una marca de un grupo político? Así también existe un concepto como la polarización afectiva: los gobernados tienden a defender, tras un ejercicio de sensibilidad e identificación, reduciendo problemas a caídas e información tergiversada. El apego a los dirigentes es más una cuestión de identidad que de evaluación técnica; es ahí donde el ejercicio de expresión ideológica pierde sentido y control: ya no es valoración técnica, es afecto.


​Lo interesante es que, sin importar la herencia política que se defienda o movilice, hay un elemento particular que distingue y unifica el pensamiento antagonista político: la valoración de una acción depende del marco interpretativo desde el cual se observa, primero que todo; hace parte de posturas y percepciones de vida. Por otra parte, y más importante, la sociedad, tras este desligamiento de oposición, es muy buena para defender los comentarios o críticas negativas respecto a los dirigentes que les representan. La paz total de Petro para muchos fue un acierto para demostrar que los más olvidados podían ser recordados y remunerados de tal manera que se les asegurara un mínimo vital, una cantidad de garantías orientadas al reconocimiento a las minorías y estatus trabajador, a lo diverso y distinto, a la oportunidad juvenil y propulsión de movilizaciones transformadoras económicamente como es la agricultura como pilar de comercio y no a la explotación de combustibles fósiles. Para otros, la simple actividad de su discursiva interacción era desagradable, desorganizada y no dispuesta a un orden social y económico, esto reforzado de un gobierno lleno de escándalos de corrupción muy importantes en el último siglo como lo fue la unidad de riesgo y Juliana Guerrero. También desaciertos en el ámbito ambiental ante la no regulación de la explotación ilegal del oro, o el impuesto al patrimonio, o, qué más importante, el reclutamiento de más de 10 mil jóvenes a grupos al margen de la ley.

​Este ejemplo representa no solo una oposición, sino una defensa ante el reto de diálogo en una FRAGMENTACIÓN en todo el territorio. Es así que cada acción trae una reacción como regla natural; sin embargo, ¿hasta qué punto la naturaleza primitiva debe ser la que decida sobre las posturas y pensamientos? ¿Hasta qué punto hay que reaccionar ante actividades que incomodan o pueden ser un atributo de la naturaleza, un accionar fortuito? La información digital y el tráfico general de redes brindan una óptica constante cargada de emocionalidad y sensibilidad, lo que no estaría mal si no fuese determinante para crear una posición política desde cero, complejizando una verdadera educación ciudadana. No hay que reaccionar a todas las acciones, desde la intolerancia cívica, la desobediencia, la fricción social o inclusive la sopa hecha en un día caluroso, que después se convierten en escenarios de odio manifestación y crítica expuestas desde cada punto interpretativo  en la inmediatez del consumo digital. Ahí radica la paradoja de la era digital: responder por reflejo nos despoja del criterio. No hay que aceptar toda información solo porque nos haga sentir.


Simón Góngora