Estar enamorado es
como en una pradera estar.
Cabalgaba yo,
viendo al viento los pastos chocar,
pero buscábale intenciones
donde solo había soplo,
nada más.
Tiraba de las riendas,
no sabía dónde ir,
dejaba a mi fiel corcel
correr y decidir.
Lucharía contra leones,
rescataría princesas,
combatiría gigantes,
todo por aquella belleza.
Creíame rey de Éfira,
capaz de ser más astuto
que los demás.
Creía que mi inteligencia
me iba a llevar más allá.
Fuerte fue mi insolencia.
No me di cuenta,
sino hasta ver el tiempo pasar
que realmente,
cumplía con mi castigo,
creía ver la cima,
pero volvía a la falda.
Día y día,
volvía a empujar,
creyendo que esta vez
sí lo podría alcanzar…
Difícil también es explicar
que capaz soy
del fuego robar,
de las galaxias bajar,
el acertijo resolver,
de la pócima tomar,
con tal de verte venir;
soy capaz inclusive
de la muerte regresar.
Todo con tal de disfrutarte
un poco más.
Pero,
¿Por qué si el cielo
nada me pidió?
¿Por qué si el hombre
congelado se quería quedar?
¿Por qué si aquella ciudad
libre no quería estar?
¿Por qué si dicha princesa
no volvería jamás?
¿Por qué si el muerto
no quiere regresar?
¿Por qué si yo
contigo tanto quiero estar
tú no me quieres acompañar?
¿Por qué?
¿Por qué mi amor,
yo no soy el tuyo?
Eres tú mi amor,
pero el tuyo
no lo seré
jamás.
De: Paco Zurdo