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Parte 2: Otra vez tu

ChrisBang

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«Aunque el tiempo borre nuestros nombres, el hilo siempre sabrá cómo encontrarnos».

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Hyunjin llevaba casi diez minutos mirando el hilo rojo atado a su dedo meñique.

Diez minutos.

Y, durante esos diez minutos, había intentado quitárselo de todas las maneras posibles: tirando de él, frotándolo con una toalla, usando jabón e incluso buscando unas tijeras.

Nada había funcionado.

El hilo seguía ahí, fino, brillante y absurdamente real.

-Estoy perdiendo la cabeza -murmuró, dejándose caer sobre la cama.

Su teléfono vibró.

Jeongin: ¿Sigues despierto?

Hyunjin miró el mensaje y sonrió antes de poder evitarlo.

Hyunjin: No. Te estoy respondiendo dormido.

Jeongin: Qué alivio. Pensé que eras así de tonto despierto.

Hyunjin soltó una carcajada.

Hyunjin: ¿Siempre eres tan encantador?

Jeongin: Solo con personas que me roban el sueño.

Hyunjin se quedó mirando la pantalla.

¿Le robo el sueño?

Su sonrisa se hizo más grande.

Hyunjin: No sabía que pensabas tanto en mí.

Jeongin: No te emociones. Estoy intentando averiguar por qué tengo un hilo rojo atado al dedo.

Hyunjin bajó la mirada hacia su meñique.

El hilo seguía allí.

Hyunjin: Ven a mi casa. Quizá juntos descubramos que estamos mal de la cabeza.

Jeongin: ¿Ahora?

Hyunjin: A menos que tengas una cita con otro chico misterioso unido a ti por un hilo mágico.

La respuesta tardó unos segundos.

Jeongin: Dame veinte minutos.

Hyunjin dejó el teléfono sobre su pecho y miró al techo.

Veinte minutos.

Tenía veinte minutos para dejar de sonreír como un idiota.

No lo consiguió.

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Cuando Jeongin llegó, Hyunjin abrió la puerta antes de que pudiera tocar el timbre por segunda vez.

-Llegas tarde -dijo, apoyándose en el marco.

Jeongin alzó una ceja.

-Han pasado exactamente veinte minutos.

-Diecinueve y cincuenta y ocho segundos.

-¿Me estabas esperando detrás de la puerta con un cronómetro?

-No te creas tan importante.

Jeongin sonrió y entró.

-Claro. Por eso abriste antes de que tocara.

Hyunjin cerró la puerta, intentando ignorar el calor que le subía por las mejillas.

-Siéntate. Tenemos un problema mágico que resolver.

-Y una personalidad insoportable que soportar.

-Puedes irte.

-Acabo de llegar.

Ambos se miraron durante un segundo antes de echarse a reír.

Era extraño.

Se conocían desde hacía muy poco, pero estar juntos resultaba demasiado fácil. Como si ya hubieran compartido cientos de conversaciones, discusiones tontas y silencios cómodos.

Como si una parte de ellos reconociera algo que sus recuerdos no podían explicar.

Jeongin se sentó en el sofá y levantó la mano.

-Bueno. Enséñame el tuyo.

Hyunjin se sentó a su lado y extendió el meñique.

El hilo rojo parecía más brillante bajo la luz de la sala.

Jeongin acercó su dedo al de Hyunjin.

En cuanto los dos hilos quedaron cerca, una pequeña luz recorrió las fibras, como una chispa diminuta.

Ambos apartaron las manos de golpe.

-¿LO VISTE? -exclamó Jeongin.

-¡SÍ!

-¡BRILLÓ!

-¡TENGO OJOS, JEONGIN!

-¡PUES ÚSALOS PARA EXPLICARME QUÉ DEMONIOS ES ESTO!

Hyunjin abrió la boca, pero no encontró respuesta.

Por primera vez desde que todo había comenzado, ninguno tenía un comentario sarcástico preparado.

El silencio duró unos segundos.

Después, Jeongin miró el hilo con una mezcla de miedo y fascinación.

-¿Y si estamos conectados de verdad?

Hyunjin lo observó.

-¿Conectados cómo?

-No lo sé. ¿Has oído hablar de la leyenda del hilo rojo del destino?

Hyunjin asintió lentamente.

-La leyenda dice que dos personas destinadas a encontrarse están unidas por un hilo invisible. Puede estirarse, enredarse y pasar por muchas dificultades, pero nunca se rompe.

Jeongin bajó la mirada hacia sus dedos.

-En las historias suele ser invisible.

-Bueno, el nuestro claramente no sabe guardar secretos.

Jeongin soltó una pequeña risa.

-¿Crees que estamos destinados a estar juntos?

La pregunta quedó suspendida entre ambos.

Hyunjin quiso responder con una broma. Era lo más sencillo. Lo habitual.

Pero, cuando miró a Jeongin, las palabras se le quedaron atrapadas en la garganta.

-No lo sé -admitió finalmente-. Pero quiero descubrir por qué nos pasa esto.

Jeongin lo miró con una suavidad que hizo que Hyunjin olvidara cómo respirar durante un instante.

-Yo también.

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La investigación duró aproximadamente quince minutos antes de convertirse en un desastre.

Primero intentaron tirar suavemente de los hilos.

Después, Hyunjin buscó en internet todo lo que encontró sobre la leyenda del hilo rojo.

Luego, Jeongin propuso que quizá podían cortarlo.

-Ya lo intenté -confesó Hyunjin.

Jeongin giró la cabeza lentamente.

-¿Intentaste cortarte el dedo?

-¡EL HILO!

-Solo quería asegurarme.

-Tu preocupación por mi bienestar me conmueve.

-No te acostumbres.

Hyunjin estaba a punto de contestar cuando se levantó para buscar un libro en la estantería.

Jeongin se puso de pie al mismo tiempo.

El hilo se tensó.

-Espera -dijo Hyunjin.

Demasiado tarde.

Ambos dieron un paso en direcciones opuestas y sintieron un tirón repentino en los meñiques.

-¡AU! -gritó Jeongin.

Hyunjin retrocedió, pero el hilo tiró de ellos otra vez.

Jeongin perdió el equilibrio.

Hyunjin intentó sujetarlo.

Y, un segundo después, los dos terminaron enredados en medio de la sala.

Jeongin tenía una mano apoyada en el pecho de Hyunjin. El otro brazo descansaba alrededor de su hombro, mientras Hyunjin lo sujetaba por la cintura para evitar que cayera.

Sus rostros estaban peligrosamente cerca.

Demasiado cerca.

Jeongin levantó la mirada.

Hyunjin dejó de respirar.

Por un instante, ninguno recordó que estaban intentando resolver un misterio.

Solo existían la mano de Jeongin sobre su pecho, el brazo de Hyunjin alrededor de su cintura y la extraña sensación de que aquel abrazo no era tan desconocido como debería.

-Hola -susurró Jeongin, con una sonrisa nerviosa.

Hyunjin parpadeó.

-Hola.

-¿Piensas soltarme?

Hyunjin bajó la mirada hacia el brazo que rodeaba su cintura.

-Ah. Sí. Claro.

Pero tardó un segundo más de lo necesario.

Jeongin también tardó en apartarse.

Cuando finalmente recuperaron la distancia, ambos fingieron estar muy interesados en cualquier cosa que no fuera mirarse.

-Creo que el hilo quiere que estemos cerca -murmuró Jeongin.

-O quiere humillarme delante de ti.

-Bueno, en eso tiene buen gusto.

Hyunjin le lanzó un cojín.

Jeongin lo esquivó entre carcajadas.

Y el hilo rojo brilló suavemente entre los dos.

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El teléfono de Hyunjin comenzó a vibrar sin parar.

En la pantalla apareció el nombre de Han.

Hyunjin contestó con un suspiro.

-¿Qué quieres?

-¡¿CÓMO QUE QUÉ QUIERO?! -gritó Han al otro lado-. ¡Llevas horas sin responder al grupo!

-Han, son las ocho de la noche.

-Exacto. Una hora sospechosa para desaparecer.

Se escuchó la voz de Changbin de fondo.

-¡Pregúntale si está con el chico del pastel!

Hyunjin cerró los ojos.

-¿Por qué estás gritando eso?

-¡PORQUE QUIERO SABER!

Christopher intervino, mucho más tranquilo.

-Ignóralos. Solo queríamos saber cómo te fue con Jeongin.

Hyunjin miró al chico sentado en su sofá.

Jeongin, que había escuchado cada palabra, se tapó la boca para contener la risa.

-¿Cómo saben que está aquí? -preguntó Hyunjin.

-Porque tú mismo nos contaste lo del hilo rojo -respondió Christopher-. Y Han lleva media hora diciendo que seguramente es una señal romántica.

-¡NO DIJE SEGURAMENTE! -protestó Han-. ¡DIJE QUE ES OBVIAMENTE ROMÁNTICO!

-Y Changbin lleva diez minutos sugiriendo que investiguemos si el hilo sirve para encontrar almas gemelas -añadió Christopher.

-¡ES UNA TEORÍA CIENTÍFICA! -gritó Changbin.

-No es científica si te la inventaste mientras comías pizza -dijo Hyunjin.

Jeongin ya no pudo contener la risa.

Los tres del otro lado guardaron silencio.

-¿Ese fue Jeongin? -preguntó Han, repentinamente emocionado.

Hyunjin colgó.

-¡HYUNJIN! -se oyó a Han gritar antes de que terminara la llamada.

Jeongin se dobló de la risa sobre el sofá.

-Tus amigos son increíbles.

-Son una maldición.

-¿Siempre son así?

-Han es peor cuando tiene hambre. Changbin es peor cuando cree que tiene razón. Y Christopher es el único que parece normal, pero no te confíes demasiado.

Jeongin sonrió.

-Parecen divertidos.

-Lo son. Aunque ahora probablemente estén preparando una boda imaginaria para nosotros.

Jeongin se atragantó con su propia saliva.

-¡¿UNA BODA?!

Hyunjin se echó a reír.

-¡Era una broma!

-Pues haz mejores bromas.

-¿Te preocupa casarte conmigo?

Jeongin lo miró fijamente.

-Me preocupa que elijas un pastel horrible.

Hyunjin se llevó una mano al pecho.

-Eso ha sido cruel.

-Y todavía no te has ganado mi confianza.

Pero la sonrisa de Jeongin decía algo muy diferente.

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Cuando llegó la hora de marcharse, Hyunjin acompañó a Jeongin hasta la puerta.

El hilo rojo parecía más largo que antes, aunque ninguno podía asegurar si realmente había cambiado.

Jeongin levantó su mano y observó el pequeño lazo alrededor de su meñique.

-¿Crees que deberíamos contarles a mis amigos?

-¿Tus amigos también están locos?

-Lee Know dice que la mayoría de los problemas se solucionan observando en silencio. Felix quiere ayudar a todo el mundo, incluso a las personas que no se lo piden. Y Seungmin se burla de nosotros antes de encontrar la solución.

Hyunjin sonrió.

-Entonces sí. Definitivamente tenemos que conocerlos.

Jeongin sacó el teléfono.

-Les escribiré mañana. Quizá puedan ayudarnos.

-¿Y nosotros?

-¿Nosotros qué?

Hyunjin se encogió de hombros.

-Podríamos vernos mañana para seguir investigando.

Jeongin fingió pensarlo.

-¿En la cafetería?

-A las diez.

-¿Y si llegas tarde?

-No llegaré tarde.

-¿Y si no hay pastel de fresa?

-Te compraré otro.

Jeongin sonrió con dulzura.

-Trato hecho.

Se quedaron mirándose unos segundos más.

Hyunjin quería decir algo. Cualquier cosa que consiguiera prolongar aquel momento.

Pero Jeongin fue quien habló primero.

-Buenas noches, Hyunjin.

-Buenas noches, Jeongin.

Jeongin dio un paso hacia la salida.

El hilo se tensó ligeramente.

Ambos se detuvieron.

Se miraron.

Y, sin saber por qué, comenzaron a reírse otra vez.

-Creo que ni siquiera nos deja despedirnos bien -murmuró Jeongin.

Hyunjin bajó la mirada hacia el hilo.

-Quizá no quiere que te vayas.

La sonrisa de Jeongin se volvió más pequeña, más tímida.

-¿Y tú quieres que me quede?

Hyunjin sintió que el corazón le golpeaba el pecho.

-Quizá.

Jeongin no respondió enseguida.

Después, con una sonrisa que parecía guardar un secreto, salió al pasillo.

-Nos vemos mañana, chico del pastel.

-¡Yo no soy el chico del pastel!

Pero Jeongin ya se estaba alejando.

Y Hyunjin permaneció junto a la puerta, sonriendo como un idiota.

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Esa noche, Jeongin no pudo dormir.

Había intentado convencerse de que todo aquello tenía una explicación lógica. Una broma, una reacción extraña a algún producto, cualquier cosa.

Pero nada explicaba el brillo del hilo.

Ni el tirón que los había arrastrado el uno hacia el otro.

Ni aquella sensación que había experimentado cuando Hyunjin lo sostuvo entre sus brazos.

Se levantó de la cama y abrió el cajón de su mesita de noche, buscando cualquier cosa que lo distrajera.

Entre unos papeles viejos encontró una fotografía amarillenta.

Frunció el ceño.

No recordaba haberla visto antes.

La tomó con cuidado.

En la imagen aparecían dos niños pequeños, de pie en un jardín cubierto de flores blancas. Uno tenía el cabello oscuro y una sonrisa tímida. El otro lo sujetaba de la mano, mirándolo con una expresión extrañamente familiar.

Jeongin sintió un escalofrío.

Los dos niños tenían un hilo rojo atado alrededor de sus dedos meñiques.

Le dio la vuelta a la fotografía.

En el reverso había una frase escrita con tinta descolorida:

«Aunque el tiempo borre nuestros nombres, el hilo siempre sabrá cómo encontrarnos».

Debajo aparecían dos nombres.

Hyunjin.

Jeongin.

Jeongin dejó de respirar por un instante.

No era posible.

Aquella fotografía parecía tener décadas de antigüedad.

¿Cómo podían aparecer sus nombres?

Con los dedos temblorosos, tomó el teléfono y abrió la conversación con Hyunjin.

Escribió un mensaje.

Lo borró.

Volvió a escribirlo.

Finalmente, envió:

Jeongin: Creo que encontré algo.

A unos kilómetros de allí, Hyunjin dormía profundamente.

Hasta que el hilo rojo de su dedo meñique comenzó a brillar.

Y, en algún lugar de sus sueños, volvió a escuchar una voz que parecía llamarlo desde un jardín de flores blancas.

Una voz que, de alguna manera, ya conocía.

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#amor #fantasia

Thoughts

  • Wenceslao

    Con un título así esperaba que se volvieran a ver, y resulta que la foto dice que ya se habían visto hace décadas. Qué lindo che.

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  • Zacarias

    Plebe, la llamada con Han, Changbin y Christopher me sacó la carcajada, Han jurando que es obviamente romántico y Changbin con su teoría de la pizza. Luego Jeongin presenta a los suyos en tres líneas: Lee Know que observa callado, Felix que ayuda aunque nadie le pida, Seungmin que se burla antes de resolver. Esto va para dos bandas de amigos tras un hilo. Apuesto a que el de la foto lo resuelve Lee Know, por callado.

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