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Parte 1. El último pastel de fresa.

ChrisBang
Pensamiento

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Amortes22

Me causo risa:" tú deberías compartir antes de gruñir" esa pequeña discusión con mensajes ocultos ...

Me causo risa:" tú deberías compartir antes de gruñir" esa pequeña discusión con mensajes ocultos ...

Contenido de la publicación

Hyunjin tenía tres problemas aquella mañana.

El primero era que había dormido exactamente cuatro horas.

El segundo era que Christopher le había enviado diecisiete mensajes preguntándole dónde estaba, a pesar de que Hyunjin le había explicado la noche anterior, con lujo y detalles, que necesitaba una mañana para sí mismo.

Y el tercero, el más grave de todos, era que estaba a punto de descubrir que el universo tenía un sentido del humor horrible.

Todo comenzó con un pastel de fresa.

Pero, para ser justos, Hyunjin todavía no sabía que aquel pastel cambiaría su vida. En ese momento, lo único que sabía era que llevaba diez minutos haciendo fila en su cafetería favorita, que tenía hambre y que la última porción de pastel de fresa descansaba dentro de la vitrina como una promesa de felicidad.

Una promesa que pensaba cumplir.

-Uno de esos, por favor -dijo, señalando el pastel cuando finalmente llegó su turno.

-¡Ese mismo! -exclamó una voz a su lado.

Hyunjin giró la cabeza.

El desconocido que acababa de aparecer junto a él tenía el cabello ligeramente despeinado, las mejillas rosadas por el frío y una bufanda crema que parecía demasiado grande para su cuello. Llevaba una mochila colgada de un hombro y sostenía un teléfono en una mano.

Y tenía una sonrisa.

Una sonrisa preciosa.

Una sonrisa que Hyunjin habría encontrado encantadora en cualquier otra circunstancia.

Porque, en aquel preciso instante, el desconocido acababa de convertirse en su enemigo.

-Perdona -dijo Hyunjin, volviendo a mirar al mostrador-. Yo lo pedí primero.

-¿Ah, sí? -El chico inclinó la cabeza, divertido-. No te escuché.

-Porque acabas de llegar.

-Qué observador.

Hyunjin lo miró.

El desconocido sonrió todavía más.

Ah. Encima tenía hoyuelos.

Aquello era injusto.

-¿Siempre eres así de molesto? -preguntó Hyunjin.

-Solo cuando tengo hambre.

-Entonces deberías comer antes de hablar.

-Y tú deberías compartir antes de gruñir.

La empleada detrás del mostrador los observaba con la expresión resignada de alguien que había visto demasiadas discusiones absurdas antes de las nueve de la mañana.

-Chicos, solo queda una porción -anunció.

-Me la llevo -dijeron ambos al mismo tiempo.

Hubo un silencio.

El desconocido giró la cabeza lentamente hacia Hyunjin.

-¿En serio?

-¿Qué?

-¿Vas a pelearte conmigo por un pastel?

-No estoy peleándome contigo. Estoy defendiendo mis derechos.

-¿Tus derechos?

-Llegué primero.

-Yo tengo cara de necesitarlo más.

Hyunjin lo contempló durante dos segundos.

Después soltó una carcajada burlesca.

-Eso es lo peor que he escuchado en toda mi vida.

-Y, aun así, estás sonriendo.

Hyunjin dejó de sonreír inmediatamente.

El desconocido soltó una risita victoriosa.

-Ajá. Lo sabía.

-Dame el pastel.

-Pídemelo por favor.

-Ni en tus sueños.

-Entonces parece que estamos en un punto muerto.

La empleada tosió.

-Puedo ofrecerles dos cruasanes.

-No quiero un cruasán -respondió Hyunjin.

-Yo tampoco -dijo el desconocido-. Pero gracias por intentarlo.

Finalmente, Hyunjin suspiró, se pasó una mano por el cabello y decidió que era un adulto razonable. Un adulto que podía ceder una porción de pastel sin convertir aquello en una cuestión de honor.

-Está bien -murmuró-. Quédatelo.

El desconocido parpadeó.

-¿De verdad?

-Sí. Antes de que cambie de opinión.

La sonrisa que recibió a cambio fue tan genuina que Hyunjin sintió algo extraño en el pecho.

Una sensación pequeña. Ridícula. Como si acabara de ganar algo, aunque técnicamente acababa de perder su desayuno.

-Gracias -dijo el chico-. Te prometo que no lo olvidaré.

-Por favor, es un pastel, no te estoy donando un riñón.

El desconocido se echó a reír.

Y Hyunjin, que debería haber estado pensando en la injusticia del mundo, se encontró observando cómo se le arrugaba la nariz al hacerlo.

Qué desastre.

Un completo desastre.

-Por cierto -dijo el chico, tomando la cajita que le entregaba la empleada-, soy Jeongin.

Hyunjin levantó la mirada.

-¿Y se supone que eso me importa?

-No. Pero ahora puedes recordar el nombre de la persona que te ganó una discusión antes de las nueve de la mañana.

-Créeme, recordaré tu cara.

-Eso espero.

Jeongin le guiñó un ojo.

Y se marchó.

Así, sin más.

Sin preguntarle su nombre. Sin darle tiempo para responder. Sin siquiera mirar atrás.

Hyunjin se quedó inmóvil frente al mostrador. La empleada le ofreció un cruasán. Él lo aceptó por pura inercia.

Después salió de la cafetería con una sensación irritante en el estómago que no tenía absolutamente nada que ver con el hambre.

O eso decidió creer.

———————————————————

-Te han robado el desayuno.

Hyunjin cerró los ojos.

No necesitaba levantar la cabeza para saber quién acababa de hablar.

-Buenos días, Christopher.

-Buenos días, víctima del amor.

-Te odio.

Christopher se sentó frente a él, dejó su vaso de café sobre la mesa y sonrió con esa expresión insoportable que solo adoptaba cuando sabía algo que Hyunjin no quería admitir.

Hyunjin estaba sentado junto a la ventana de una pequeña cafetería cercana a la universidad. Había terminado comprando otro café y un cruasán que no le apetecía, principalmente porque necesitaba recuperar la dignidad que había perdido ante un desconocido con una bufanda demasiado grande.

Christopher observó el cruasán.

-¿No te gusta?

-No.

-Entonces, ¿por qué lo compraste?

-Porque alguien me robó el pastel.

Christopher dejó de sonreír.

Solo un segundo

Después apoyó ambos codos sobre la mesa.

-Necesito que me cuentes absolutamente todo.

-No hay nada que contar.

-Hyunjin, llevas cinco minutos mirando por la ventana como el protagonista de un drama romántico.

-Estoy mirando la calle.

-Con cara de querer escribir poesía.

-Christopher.

-¿Tenía el cabello bonito?

Hyunjin guardó silencio.

Christopher abrió mucho los ojos.

-¡LO TENÍA!

-¡Cállate!

Dos mesas más allá, una señora levantó la cabeza de su periódico.

Christopher se tapó la boca para contener la risa.

-Dios mío. ¿Cómo era?

-Era insoportable.

-Ajá.

-Arrogante.

-Claro.

-Y se comió mi pastel.

-Una tragedia nacional.

Hyunjin le lanzó una servilleta.

Christopher la atrapó en el aire, encantado.

-¿Y era guapo?

-No voy a responder eso.

-Entonces era guapo.

-Voy a irme.

-Todavía no has terminado tu café.

-Me lo llevo.

-Ni siquiera le has puesto azúcar.

Hyunjin miró su vaso.

Efectivamente.

Christopher comenzó a reírse otra vez.

-Te juro que no sé qué haría sin ti -dijo Hyunjin, levantándose.

-Probablemente seguirías soltero y desayunando pasteles en paz.

-Ese era el plan.

-Pues parece que el universo tenía otros planes.

Hyunjin le enseñó el dedo por encima del hombro antes de salir.

Christopher se quedó mirándolo, divertido.

-¡Y pregúntale su nombre la próxima vez!

Hyunjin no se giró.

Pero sí levantó la mano para despedirse de una forma que Christopher consideró profundamente ofensiva.

———————————————————

Pasaron los días y Hyunjin seguía pensando en el cabello y sonrisa de Jeongin, aunque el no se daba cuenta siempre tenía esas ganas de volver a verlo.

———————————————————

Ya llevaba más de una semana de haber una de esas lluvias fuertes que no te dejan ni querer salir de la cama.

De esas lluvias que convertían las calles en espejos y hacían que todo el mundo corriera buscando refugio.

Cuando por fin había salido algo de luz solar, Hyunjin decidió ir a tomar aire fresco y dar un paseo después de estar días encerrado.

———————————————————

Hyunjin había salido de una librería con una bolsa de papel en la mano y los auriculares puestos. Había pasado casi una hora buscando un libro de poesía que quería desde hacía meses y, por primera vez en todo el día, se sentía satisfecho con su existencia.

Hasta que el cielo decidió ponerse oscuro otra vez.

-No, no, no... -murmuró, cubriéndose la cabeza con la bolsa-. No puede ser.

Corrió hacia el toldo más cercano.

Y chocó de lleno contra alguien.

-¡Cuidado!

La bolsa se le resbaló de las manos. El libro cayó al suelo, el paraguas de la otra persona salió rodando y una voz familiar exclamó:

-¡Tú!

Hyunjin levantó la cabeza.

Jeongin lo miraba como si acabara de encontrar a un personaje secundario que había reaparecido demasiado pronto en la trama.

Durante un segundo, ninguno habló.

Después Jeongin señaló su cara.

-¡El chico del pastel!

Hyunjin abrió la boca.

La cerró.

Volvió a abrirla.

-¿Tú otra vez?

-¡Yo estaba aquí primero!

-¡Yo ni siquiera sabía que estabas aquí!

-Eso no cambia los hechos.

Hyunjin se agachó para recoger el libro.

Jeongin hizo lo mismo.

Sus manos se encontraron.

Fue un roce breve. Apenas un instante.

Pero ambos se quedaron quietos.

Hyunjin sintió la piel de sus dedos rozando la de Jeongin y levantó la mirada casi por reflejo. El otro chico también lo estaba mirando, y durante una fracción de segundo su expresión perdió toda la diversión.

Había algo extraño en aquel silencio.

Algo suave.

Como la sensación de escuchar una canción que no recuerdas haber aprendido, pero cuya melodía conoces de memoria.

Entonces un coche pasó por la calle y salpicó agua sobre la acera.

-¡Ay! -Jeongin retrocedió de golpe.

Hyunjin soltó una carcajada.

-¡Te has mojado entero!

-¡Tú también!

-¡Pero yo no he gritado como si me estuvieran asesinando!

-¡No estaba preparado para morir ahogado en una acera!

Hyunjin se rio tanto que tuvo que apoyarse en la pared.

Jeongin lo miró con indignación fingida.

-Me alegra muchísimo hacerte feliz.

-No sabes cuánto.

Las palabras escaparon antes de que Hyunjin pudiera pensarlas.

Jeongin se quedó callado.

Hyunjin también.

Perfecto, pensó Hyunjin. Ahora, además de robarme el desayuno, este chico me está robando las neuronas.

Jeongin bajó la mirada, escondiendo una sonrisa.

-Bueno... -murmuró-. Creo que te debo una disculpa por lo del pastel.

Hyunjin alzó una ceja.

-¿Una disculpa?

-Y quizá otro pastel.

-¿Quizá?

-Depende de tu comportamiento.

-¿Mi comportamiento?

-Eres bastante dramático.

Hyunjin se llevó una mano al pecho.

-No puedo creer que me estés diciendo eso después de gritarle a un charco.

Jeongin volvió a reírse.

Y esta vez Hyunjin no intentó disimular que le gustaba escucharlo.

La lluvia seguía cayendo. El toldo apenas los protegía y algunas gotas se deslizaban por el cabello de Jeongin hasta perderse en el cuello de su chaqueta.

-Estás lejos de llegar a tu casa?

Jeongin lo miró con sorpresa.

-¿Y tú?

-Vivo a diez minutos.

-Yo también.

-Entonces podemos caminar juntos hasta la avenida.

Jeongin inclinó la cabeza.

-¿Estás invitándome a caminar contigo?

Hyunjin sintió que se le calentaban las orejas.

-Estoy evitando que te dé una pulmonía. No te emociones.

-Ah, claro. Eres un héroe.

-Un héroe muy guapo, además.

Jeongin soltó una carcajada.

Hyunjin sonrió, satisfecho.

-¿Ves? Ya estamos de acuerdo en algo.

-No he dicho que seas guapo.

-Tu risa acaba de delatarte.

-Eres imposible.

Hyunjin se quedó mirándolo.

Jeongin sonrió con inocencia.

Aquella sonrisa debería haber venido acompañada de una advertencia.

Peligro: puede provocar sentimientos no deseados.

-Eres un tramposo -murmuró Hyunjin.

-Y tú sigues aquí.

Tenía razón.

Hyunjin seguía allí.

Y, cuando Jeongin abrió el paraguas y se acercó para que ambos cupieran debajo, Hyunjin no hizo el menor esfuerzo por alejarse.

Caminaron despacio.

Hablaron de cosas absurdas: del clima, de los libros, de la cafetería y de lo injusto que era que los pasteles de fresa costaran más que los cruasanes.

Jeongin le contó que estaba estudiando en la universidad y que le gustaba pasear sin rumbo cuando necesitaba despejarse. Hyunjin le habló de su afición por dibujar, aunque omitió mencionar que llevaba semanas intentando dibujar una cara que no conseguía sacar de su cabeza.

No quería explicar por qué, de repente, le resultaba tan fácil hablar con alguien a quien acababa de conocer.

Cuando llegaron a la avenida, la lluvia había comenzado a disminuir.

Jeongin cerró el paraguas.

-Gracias por compartirlo conmigo.

Jeongin dio un paso hacia atrás.

-Nos vemos, chico del cruasán.

-¿Cómo sabes que me comí un cruasán?

Jeongin sonrió.

-Porque tienes cara de alguien que compra un cruasán cuando pierde un pastel.

Y se marchó.

Hyunjin se quedó en la acera, sosteniendo sus auriculares.

Lo vio alejarse entre la gente hasta que su bufanda crema desapareció detrás de un autobús.

Después bajó la mirada hacia sus manos.

No supo explicar por qué, pero el lugar donde Jeongin había rozado sus dedos todavía parecía guardar un poquito de calor.

———————————————————

-Voy a decir algo y quiero que no te rías.

-No puedo prometer eso -respondió Han.

-Entonces no voy a decirlo.

-¡Hyunjin, llevamos veinte minutos esperando a que hables!

Era viernes por la tarde y estaban reunidos en el apartamento de Christopher. Changbin discutía con Han sobre quién había dejado una taza sucia en el fregadero.

Hyunjin estaba en el sofá, abrazado a un cojín.

Christopher lo observó.

-Es sobre el chico del pastel, ¿verdad?

Los otros se giraron al mismo tiempo.

Hyunjin cerró los ojos.

-Voy a mudarme de país.

-¿QUÉ CHICO DEL PASTEL? -preguntó Han, casi saltando sobre el sofá.

Changbin asombrado.

-¿Hay un chico?

Han desde el sofá.

-¿Hyunjin está enamorado?

-¡NO ESTOY ENAMORADO! -gritó Hyunjin.

El silencio que siguió fue absoluto.

-Nadie había dicho que estuvieras enamorado - dijo Changbin.

Hyunjin miró al techo.

-Quiero desaparecer.

Christopher se acomodó en el sillón, claramente decidido a disfrutar cada segundo.

-Bien. Cuéntales lo que pasó.

Hyunjin les contó lo de la cafetería. Después lo de la lluvia. Omitió algunos detalles, como la forma en que Jeongin había sonreído y el pequeño vuelco que había sentido en el pecho cuando sus manos se tocaron.

No estaba preparado para soportar las consecuencias.

-Espera -interrumpió Changbin-. ¿Me estás diciendo que conociste a un chico dos veces de formas inesperadas?

-Sí.

-¿Y compartiste un paraguas con él?

-Sí.

-¿Y te parece normal?

-¡Es un paraguas, Changbin!

Han se llevó las manos a las mejillas.

-Esto es literalmente el comienzo de una comedia romántica.

-¿Cómo se llama?

-Jeongin.

Han sonrió.

-Es un nombre bonito.

Hyunjin bajó la mirada al cojín.

-Sí -murmuró-. Lo es.

Changbin lo observó durante unos segundos.

Luego miró a Christopher.

Christopher miró a Changbin.

Ambos intercambiaron una expresión que Hyunjin no supo interpretar, pero que le inspiró una profunda desconfianza.

-¿Qué? -preguntó.

-Nada -respondió Changbin.

-Están haciendo esa cosa rara con los ojos.

-Tenemos ojos -dijo Changbin-. Es normal utilizarlos.

Por un momento, el apartamento volvió a llenarse de conversaciones, risas y bromas.

Y Hyunjin, por primera vez en todo el día, dejó de pensar en Jeongin.

Casi.

Su teléfono vibró.

Un mensaje de un número desconocido apareció en la pantalla.

Número desconocido: Espero que hayas sobrevivido sin tu pastel.

Hyunjin se incorporó tan deprisa que el cojín cayó al suelo.

Christopher fue el primero en notarlo.

-¿Qué pasó?

Hyunjin miró la pantalla.

Después volvió a mirarla.

Hyunjin: ¿Quién eres?

La respuesta llegó casi inmediatamente.

Número desconocido: Estoy ofendido. Compartimos un paraguas y ya me has olvidado.

Hyunjin sintió que la sonrisa le nacía antes de poder evitarlo.

Hyunjin: ¿Cómo conseguiste mi número?

Jeongin: Christopher.

Hyunjin levantó lentamente la cabeza.

Todos estaban mirándolo.

Christopher sonreía.

-No -dijo Hyunjin.

-Sí.

-¿Tú le diste mi número?

-Me pareció un chico simpático.

-¡LO CONOCISTE HACE CINCO MINUTOS!

-Y tú lo conociste dos veces y ya estás abrazando un cojín como si fuera su fotografía.

Han tapó la boca.

Changbin empezó a aplaudir.

Hyunjin quiso morirse.

Su teléfono vibró otra vez.

Jeongin: Por cierto, tengo una pregunta.

Hyunjin: ¿Qué?

Jeongin: ¿Siempre eres tan dramático o es un privilegio exclusivo para mí?

Hyunjin sonrió.

Hyunjin: Solo para las personas que me roban el desayuno.

Jeongin: Entonces tendré que hacerlo más a menudo.

Hyunjin se mordió el labio para contener una sonrisa demasiado grande.

No lo consiguió.

Y, desde el otro lado de la habitación, Christopher lo vio con una expresión que mezclaba diversión y una ternura que no se molestó en ocultar.

Porque conocía a Hyunjin.

Sabía que podía encontrar belleza en las cosas más pequeñas, que se enamoraba de los detalles incluso cuando aseguraba no hacerlo y que, cuando alguien conseguía llegarle al corazón, era capaz de recordarlo durante mucho tiempo.

Pero aquello era diferente.

Había algo en esos encuentros que no terminaba de encajar.

Una sensación extraña.

Como si la historia hubiera comenzado mucho antes de que Hyunjin y Jeongin llegaran a aquella cafetería.

Christopher no dijo nada.

Todavía no.

———————————————————

Esa noche, Hyunjin soñó con un hilo rojo.

Estaba de pie en un jardín que no reconocía. Había flores blancas por todas partes y una brisa suave que le acariciaba el rostro. A lo lejos, alguien reía.

Una risa que conocía.

Una risa que le hacía sentir que estaba a punto de recordar algo importante.

Hyunjin caminó hacia ella.

Entre los árboles vio a un chico de espaldas, vestido con ropa que parecía pertenecer a otra época.

-¿Hola? -llamó.

El chico se volvió.

Era Jeongin.

Pero no exactamente el Jeongin de la cafetería.

Su rostro parecía más joven y sus ojos guardaban una tristeza que Hyunjin nunca le había visto.

Entre ambos había un hilo rojo.

Fino como un cabello.

Brillante como la luz del amanecer.

Estaba atado al meñique de Hyunjin y se extendía hasta la mano de Jeongin.

-Te encontré -susurró Jeongin.

Hyunjin intentó acercarse.

Pero el jardín comenzó a desvanecerse.

-¡Espera! -gritó-. ¿Qué significa esto?

Jeongin sonrió con lágrimas en los ojos.

-Esta vez, no me olvides.

Hyunjin despertó de golpe.

La habitación estaba oscura. Su corazón latía tan rápido que tardó varios segundos en recordar dónde estaba.

Se pasó las manos por el rostro y soltó una risa nerviosa.

-Genial -murmuró-. Ahora también sueño con él.

Se levantó para encender la lámpara.

Y entonces lo vio.

Un hilo rojo estaba atado alrededor de su meñique izquierdo.

Hyunjin dejó de respirar.

Lo observó de cerca, convencido de que debía tratarse de algún tipo de broma, una fibra de tela o un hilo que se había enganchado en la ropa de cama.

Tiró de él.

No se movió.

Buscó el extremo del nudo.

No lo encontró.

Intentó deslizarlo por el dedo, pero el hilo parecía formar parte de algo que no podía ver.

Y cuando volvió a tirar, el hilo se tensó suavemente.

Como si alguien, en algún lugar, acabara de tirar del otro extremo.

Hyunjin se quedó inmóvil.

En su teléfono, la pantalla se iluminó con una notificación.

Un mensaje de Jeongin.

Jeongin: Oye, ¿estás despierto?

Hyunjin miró el hilo.

Después el mensaje.

Y, con los dedos temblorosos, escribió:

Hyunjin: Sí. ¿Por qué?

La respuesta llegó unos segundos después.

Jeongin: Vas a pensar que estoy loco.

Hyunjin sintió que se le helaba la sangre.

Hyunjin: Inténtalo.

Los tres puntos aparecieron y desaparecieron varias veces.

Finalmente, llegó el mensaje.

Jeongin: Tengo un hilo rojo atado al meñique.

Hyunjin dejó caer el teléfono sobre la cama.

Durante un largo momento, no pudo hacer otra cosa que mirar el hilo que rodeaba su dedo.

Afuera, la ciudad continuaba durmiendo.

Los coches pasaban a lo lejos. El viento golpeaba suavemente la ventana. En algún lugar, alguien se reía en mitad de la noche.

Y, por primera vez en su vida, Hyunjin sintió que el mundo guardaba un secreto que llevaba muchísimo tiempo esperando a que él lo descubriera.

Su teléfono volvió a vibrar.

Jeongin: Hyunjin... ¿tú también puedes ver hacia dónde va?

Hyunjin levantó la mirada.

El hilo rojo se extendía desde su meñique hacia la ventana, atravesando la oscuridad como una pequeña línea de luz.

Y, por primera vez, comprendió algo que le dio más miedo que cualquier explicación imposible.

No quería que aquel hilo desapareciera.

Ni siquiera sabía por qué.

Solo sabía que, al otro extremo, estaba el chico del pastel de fresa.

El chico que había conocido hacía apenas unos días.

El chico que no debería importarle tanto.

Y al que, por alguna razón que todavía no comprendía, sentía que llevaba toda la vida esperando.

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Thoughts

  • MIRTONA

    Ajá, y la empleada ofreciendo cruasanes antes de las nueve con cara de ya haberlo visto todo. Esa señora merece su capítulo, mija.

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  • Amortes22

    Me causo risa:" tú deberías compartir antes de gruñir" esa pequeña discusión con mensajes ocultos ...

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  • vero88

    Christopher le pasó el número a Jeongin en cinco minutos y antes ya había cruzado esa mirada rara con Changbin. Para mí ese no está haciendo de celestino nomás, bo: sabe algo del hilo desde antes, y por eso se queda callado mirando a Hyunjin con esa ternura. Y me cae bien que Jeongin, el que no cree en el destino, sea el primero en escribir lo del meñique. Tchê, apuesto que Christopher también tiene su hilo.

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«Aunque el tiempo borre nuestros nombres, el hilo siempre sabrá cómo encontrarnos».

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