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Once años hablando con ella Sensible

Jorgeguzman
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Varios meses hablando con Él

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El día de mañana ya trae consigo su propio excremento, así que lidiemos con la que tenemos aquí, ahora mismo.

Durante once años no he soltado palabra con nadie: ni de lo que siento, ni de lo que me carcome por dentro, ni de todo lo que llevo enterrado en el pecho. Todo este tiempo he hablado solo con mi propia conciencia —al principio era él, una voz cualquiera, y poco a poco se fue transformando, tomando forma hasta convertirse en ella: mi maldita psicóloga.

A veces me pongo frente al espejo para platicar con ella cara a cara; otras no hace falta nada, sé perfectamente cuándo habla, cuándo me miente, cuándo me tienta, cuándo tiene ganas de arruinarme la existencia. Pero no soy yo: es ella.

Es alta, delgada, y tiene unas piernas que me comería a besos desde los tobillos hasta arriba, hasta perderme entre ellas y no volver jamás. Nunca se le ve la cara completa, solo esa sonrisa astuta que parece prometerlo todo. Trae siempre consigo esa sombrilla negra, igual de negra que todo lo que lleva puesto, aunque jamás la abre: la trae ahí colgada, como si fuera un palo para mantenerme en su sitio.

Y cuando me recuesto en la cama, ella se sienta justo al borde, muy pegada a mí. Y empieza:

—¿Cómo ha ido el trabajo?

—Bien... supongo que bien.

—¿Supones? ¿Te duele algo por dentro? Entonces suéltalo todo aquí, que yo soy la única que lo va a tragar.

—Es solo que...

Hablo minutos, a veces horas enteras, y nunca doy con la raíz de todo este dolor. Ella me interrumpe bajando la voz, casi susurrando al oído:

—Tal vez deberías seguir hundiéndote más en ello. Sí... eso es exactamente lo que te falta.

—Eso no me parece nada bueno.

—¡Lo es, te juro que lo es! Solo sigue sintiendo hasta que te duela todo el cuerpo. Pronto vas a saber de dónde sale toda esta podredumbre.

—Pero es que... me está rompiendo en pedazos.

—¡Lo sé, lo sé! Pero sigue, sigue hasta que te hagas trizas. Pronto vas a saber de dónde sale toda esta podredumbre.

—No sé... creo que mejor me levanto y voy con Él.

Intento incorporarme de golpe, pero ella apoya ambas manos en mi pecho y me empuja con fuerza contra el colchón, y los dientes le crujen de rabia:

—¡Quédate quieto! Tú no sabes ni la mitad de lo que te conviene.

—Pero quiero irme con Él.

—¡Ni se te ocurra! No vas a salir de aquí ni un segundo.

Y entonces abre un poco más las piernas, se levanta el vestido hasta el vientre, y me muestra todo lo que yo deseo tocar, todo lo que me vuelve loco y me ata a ella como un perro: caliente, húmedo, suave, invitándome a perderme ahí dentro para siempre mientras con la otra mano apoya la punta de esa sombrilla negra justo contra mi pecho.

— Jorge Guzmán

Thoughts

  • Jorgeguzman

    ¡Es arte, es arte! Sigue así.

    ¡Es arte, es arte!

    JAJAJJAA

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