Hay historias que nunca se pronuncian
porque duelen más que los ayeres;
memorias que se esconden en la sangre
Y heridas que no alcanzan a cerrarse.
Hay cicatrices que se inventa el alma
para no quebrarse nuevamente;
muros que va levantando en silencio
Para poder salvarse de la ausencia.
Tú creciste en habitaciones frías
donde el amor no supo pronunciarse;
pero elegiste no multiplicar
El daño que intentaron heredarte.
Hiciste de tus inviernos una hoguera,
del abandono, un modo de cuidar;
y allí donde faltaron los abrazos,
Tú aprendiste a entregarlos a los demás.
Ahora caminas sin hacer ruido,
sin proclamar tu fuerza ni tu historia;
pero el mundo percibe tu presencia
Porque llevas la luz en la mirada.
Ojos de miel que nunca se rindieron,
que aprendieron a caer y renacer;
que convirtieron el dolor en alas
Y hoy enseñan a otros a creer.
Ojos de miel, tan dulces y tan firmes,
con la fuerza de quien sobrevivió;
aunque el pasado extienda antiguas sombras,
Jamás podrá apagar lo que hoy eres.
Dicen que el alma puede hacerse trizas
cuando el amor no llega a tiempo;
Pero tú transformaste aquella ausencia
En un idioma nuevo y duradero.
Donde otros encontraron solo abismos,
Tú decidiste levantar la luz;
y ahora salvas vidas sin pedirles
Más recompensa que su plenitud.
Porque quien ha contemplado el precipicio
reconoce el temblor de quien se acerca;
no juzga la caída ni pregunta:
Tiende su mano, acompaña y espera.
Tal vez ninguno conozca plenamente
las páginas secretas de tu historia;
Pero yo veo el fuego en tu memoria
Y cuanto callan tus ojos de miel.
Veo a la niña que aguardó ternura,
a la mujer que se negó a odiar;
a quien hizo de todas sus heridas
Una razón más honda para amar.
En cada paso tuyo va un pasado
que no logró vencerte ni apresarte;
No pudo encadenarte a su tristeza:
Tan solo te enseñó a transformarte.
No escondas tu historia, amada mía,
ni apagues ese fuego que aún contiene;
También las cicatrices nos revelan
Las batallas a las que el alma sobrevive.
Ojos de miel, colmados de una vida
cuya verdad no todos pueden ver;
de esas verdades que sanan en silencio
Y sin proponérselo dejan huella.
Ojos de miel, custodia tu memoria,
pero permite al mundo conocer
que aún de la noche más desesperada
Puede una nueva claridad nacer.
Porque este mundo, tantas veces frío,
Necesita tu forma de encender
una esperanza en medio de la sombra;
necesita a alguien como tú,
Con esos eternos ojos de miel.
Escribí este poema para una gran mujer que supo salir adelante y ser feliz a pesar de lo que le hicieron en su niñez.