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O' HUM.

Patu-Patu
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Hola, mi nombre es Ernesto. Como es de costumbre, me dirigía a mi trabajo. Hoy, 22 de octubre de 2254, faltan solo cuatro días para mi cumpleaños, aunque en el espacio profundo las fechas importan…

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Contenido de la publicación

Hola, mi nombre es Ernesto. Como es de costumbre, me dirigía a mi trabajo. Hoy, 22 de octubre de 2254, faltan solo cuatro días para mi cumpleaños, aunque en el espacio profundo las fechas importan poco cuando uno vive entre rocas y polvo estelar. Me tocaba salir temprano hacia mi nave, La Topo.

Le digo Topo porque es pequeña pero poderosa, una auténtica mula de carga adaptada para la minería de asteroides. No es elegante ni veloz; no tiene las líneas aerodinámicas de los yates de lujo que atracan en las estaciones centrales. Es un armatoste industrial con un casco reforzado de placas de titanio reciclado que aguantan todo y, al frente, un taladro diamantado de plasma capaz de abrirse paso por el núcleo de roca más duro. Es chiquita, ruidosa, huele siempre a aceite quemado y café viejo, pero rompe piedra como ninguna.

Despegué puntual a las 07:00 hs. Rumbo al peor sector que existe "K-9" un cinturón de asteroides que queda muy lejos de la orbita terrestre. Lejos de las rutas comerciales , donde las patrullas corporativas rara vez se asoman, empezó mi labor. Fue un viaje largo y silencioso, interrumpido únicamente por el zumbido monótono del motor de iones y pitidos esporádicos del radar que escaneaba el vacio. A mitad de camino, con el piloto automático fijado en línea recta, abrí mi lonchera.

me tocó un sándwich de carne seca y un poco de café medio frío de termo que sabía mas a metal que a café. Comí allí mismo, flotando levemente en la cabina con mi traje desabrochado y apoyado a un lado, mirando el negro infinito del espacio por la ventana lateral, ese mismo salpicado de estrellas estáticas. Después de comer, me volví a colocar el casco, ajuste los sellos y seguí mi camino. Luego de algunas horas por decirlo así , ya estaba cruzando el umbral del cinturón. Delante de mí se extendía un campo minado de rocas de todos los tamaños, flotando y girando lentamente en una danza caótica de milenios. Apagué el piloto automático--el software autónomo se volvió loco con tantas interferencias gravitacionales asique tomé el control manual, agarrando fuerte los joysticks gastados por los años de uso.

Fue entonces cuando las vi. Al principio, con la luz del sol pegando de costado, pensé que era un simple reflejo en los depósitos de hielo incrustados en la roca cercana. Pero parpadeé y el brillo cambio de forma. ¿son luces? me pregunte a mi mismo, eran luces. No titilaban como las estrellas lejanas ni se comportaban como los destrozos de una baliza descompuesta. Se movían con una gracia fluida, estirándose y contrayéndose. Formaban patrones geométricos precisos, círculos perfectos de energía que aparecían y desaparecían entre las sombras de las rocas. tenían tonalidades grises a azuladas intensas y blancas como el magnesio, una paleta cromática que no figuraba en ninguna carta de navegación y que el radar de la topo ignoraba por completo, como si no existieran en este plano físico. y entonces paso algo que no esperaba para nada, Un tirón que fue brutal, un remolino de fuerzas que mi pequeña topo no estaba echa para soportar. Los paneles de control parpadearon enloquecidamente, los sistemas chirriaron bajo presión. Me sentí como si propio cuerpo se estirara y encogiera al mismo tiempo, una sensación nauseabunda que desafiaba toda lógica. breves segundos después fuera de la cúpula principal, es espectáculo era aún más desquiciante la negrura se había vuelto morada, luego verde, y finalmente explotó en un caleidoscopio de luces cegadoras que no se parecían a nada que hubiera visto antes, ni en simulaciones ni en mis extensos viajes. Eran como si el mismísimo universo estuviera convulsionando. En un momento intempestivo, todo se detuvo el silencio que siguió fue absoluto, tan denso que casi dolía. La topo dejó de temblar y los sistemas, milagrosamente, se estabilizaron, aunque con varias luces de advertencia parpadeaban en rojo con furia. Lentamente, mi visión se ajustó. lo que vi a través de mi ventana central me dejó sin aliento, y no precisamente por la falta de oxígeno. Gracias por leer no escribí todo el capitulo. si te interesa o les interesa mi historia puedo subirla completa consta de 190 capítulos.

Thoughts

  • no_pica_nada

    ¡El sándwich de carne seca con café de termo que sabe a metal! Ay Ernesto, en pleno espacio y comiendo peor que yo un lunes 😂

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