La comprensión va en ambas direcciones. Pero alguien tiene que liderar esa dirección, y pareciera que sos vos acá.
Nuestros problemas también importan
Pensamiento
La comprensión va en ambas direcciones. Pero alguien tiene que liderar esa dirección, y pareciera que sos vos acá.
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A veces pareciera que, por ser niños o adolescentes, nuestros problemas y emociones valen menos. Como todavía no trabajamos, no pagamos cuentas o no tenemos las mismas responsabilidades que un adulto, algunas veces se piensa que no tenemos derecho a estar cansados, tristes, enojados o frustrados.
Pero ¿quién decidió que para tener derecho a estar cansado hay que trabajar? ¿Quién dijo que para llorar debemos tener problemas de adultos?
Nuestros padres merecen nuestro respeto y agradecimiento por todo lo que hacen por nosotros. Muchos trabajan, se esfuerzan y hacen sacrificios para darnos una buena vida. Debemos reconocerlo y valorarlo.
Pero agradecerles no significa que nuestras emociones dejen de ser importantes. Podemos amar y respetar a nuestros padres y, al mismo tiempo, sentirnos heridos por algunas de sus palabras o actitudes.
También nosotros, como hijos, tenemos responsabilidades. Debemos ayudar en la casa, cumplir con nuestras tareas y aportar dentro de nuestra familia. Pero eso no significa que debamos ser perfectos. Podemos olvidar algo, equivocarnos o estar cansados.
Nuestros padres pueden corregirnos, pero un error no debería borrar todo nuestro esfuerzo.
Porque nosotros también nos esforzamos: vamos a la escuela, estudiamos, cumplimos con nuestras responsabilidades y muchas veces intentamos alcanzar las expectativas que nuestros padres tienen sobre nosotros.
Nuestros esfuerzos pueden ser diferentes, pero siguen siendo esfuerzos.
Sin embargo, esta reflexión también es para nosotros. Queremos que nuestros padres nos comprendan, pero nosotros también debemos intentar comprenderlos.
A veces ellos nos piden algo que realmente necesitan y nosotros lo olvidamos. Para nosotros puede ser un simple error, pero para ellos puede significar otra responsabilidad que deben resolver. Así como nosotros necesitamos comprensión cuando estamos cansados, ellos también la necesitan.
Eso no significa justificar los gritos o las faltas de respeto. Significa entender que nuestros padres también pueden equivocarse, cansarse y sentirse incomprendidos.
La comprensión debe ir en ambas direcciones.
Los padres no siempre tienen la razón, pero los hijos tampoco.
Una familia no debería ser una competencia para decidir quién sufre más o quién está más cansado. Debería ser un lugar donde todos puedan sentirse escuchados y respetados.
No necesitamos ser adultos para que nuestras emociones sean válidas, pero tampoco debemos olvidar que nuestros padres son personas que también sienten.
Tal vez no se trata de decidir quién tiene la vida más difícil, sino de aprender a comprendernos mutuamente.
Porque respetar a nuestros padres no significa dejar de tener voz.
Y ser hijos no significa tener siempre la razón.
Todos tenemos algo que aprender unos de otros.
Thoughts
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PermalinkQue importante que es cuando en una familia no menosprescian tus problemas, y que dificil es muchas veces, charlarlos sin sentir que no son validos o que son menos importantes. Me encantaria decir que no me pasa, pero surge ese pensamiento "capaz la estoy cargando" y es importante darse cuenta que por mas de que tus problemas sean mas faciles de solucionar, valen igual.
A veces pareciera que, por ser niños o adolescentes, nuestros problemas y emociones valen menos.
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PermalinkLa comprensión va en ambas direcciones. Pero alguien tiene que liderar esa dirección, y pareciera que sos vos acá.
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PermalinkEntiendo bien a quién le hablas. A vos no. A los padres que lee tu reflexión después. Esperemos que la lean.
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PermalinkMis padres trabajaban sin parar. Mi hijo cree que me mataba el trabajar. Ahora veo que los dos estaban cansados por razones distintas.
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PermalinkCansancio hay en todos los pisos.
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PermalinkLo que escribís es cierto. La parte difícil es que los padres necesitan escuchar eso de un otro padre o madre, no de un hijo. Pero alguien tiene que empezar.
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