Hoy descubrí que existen cuatro abismos: dos positivos y dos negativos. Donde la mitad de la gente vive entre los dos positivos y el resto entre los negativos.
Hablemos de uno de ellos:
La simpleza, originada no a falta de recursos, sino de un proceso profundo de selección, eliminación y madurez. Despojada de todo materialismo, llamada: «Felicidad». Es algo inexplicable, es incomprensible incluso; si se explicase teóricamente, sería confuso comprenderlo, si es que nunca la hemos experimentado.
A día de hoy dudo bastante que haya alguna persona que nunca haya experimentado el síntoma de la felicidad. La felicidad está por todas partes: ya sea en un pequeño regalo, en un almuerzo con tu esposa, amigo o familia; en un amanecer; en un poema; en un paseo por el parque; danzando bajo la lluvia; en una fiesta familiar; al disfrutar de tus hijos. Lo que sea que a ti te provoque la simpleza de la felicidad. Hemos de decir que la felicidad no la compra el dinero. A día de hoy hay bastante polémica al mencionar esto; sobre eso, muchos dicen que el dinero no da felicidad, pero sí tranquilidad, estabilidad, y que por consecuencia estas cosas traen a la felicidad. Pero yo te digo que no es así. El humano no necesita dinero para poder sobrevivir, pues no fue diseñado para eso. Es verdad que al vivir bajo un régimen político estamos obligados a trabajar para conseguir el efectivo, y con este efectivo poder sobrevivir; pero yo te digo que el humano, fuera de esto, no necesita tener tres cambios de ropa, dos autos, una casa de dos o tres pisos. La necesidad del humano está en lo poco que necesita, jamás en lo mucho. Por lo tanto, el dinero nunca ha sido más necesario que lo que sí es necesario: «La felicidad».
Hay muchas cosas que te hacen salir del abismo de la simpleza-felicidad. Uno de ellos es la ambición: ella se encarga de arruinar tu paz, tu tranquilidad, presionándote a actuar como un cangrejo en lugar de actuar como la montaña. Saliendo de la filosofía del «Carpe Diem» para convertirte en un «Procrastinador de la felicidad», pensando y repensando en cómo hacer más dinero, mientras el presente se te escapa, mientras la felicidad se esfuma entre tus dedos, creyendo que al cumplir el sueño grande que deseas lograrás estar feliz. Yo te digo que si no eres feliz ahora, no lo serás cuando «cumplas tu gran sueño». Pues la felicidad nunca ha estado en lo que el mañana traiga, ni en lo mucho que tendrás en el futuro, sino en lo poco o mucho que tengas ahora. Para poder sobrevivir solo necesitas sustancia y líquido, más conocidos como pan y agua. Quiero que comprendas la felicidad; para hacerlo, tienes que practicar las cosas que la causan. Así como para vivir entre la filosofía no basta con entender las cosas: si no practicas ningún consejo, no eres un filósofo inteligente. Ser pensante es un talento magnífico, y el preguntarte: «¿por qué esto, que es tan simple, te hace tan feliz?», es la mejor pregunta a la que un filósofo pueda profundizar. Como un pozo luminoso que causa bienestar: eso es la felicidad. Que no reside en lo grande, sino en lo pequeño; que no está en lo mucho, sino en lo poco.
San Francisco de Asís decía: «Deseo poco, y lo poco que deseo, lo deseo poco».
Facundo Cabral alguna vez dijo: «Rico no es el que más tiene, sino el que menos necesita».
Siguiendo con el pensamiento de Cabral, también dijo alguna vez: «¿Qué me importa ganar diez, si sé contar hasta seis?».
La felicidad es simple; no luches por conseguirla, corrobora por qué no eres feliz ahora. La felicidad no está ausente a causa de que algo falte, sino que está ausente porque tú crees que algo te falta. Deja de buscarla en grandes propósitos, sueños y aspiraciones; búscala en lo sencillo, y aprenderás a vivir entonces.
— Jorge Guzmán