Los pensamientos me invaden.
No puedo respirar, no puedo... me ahogo.
Pero quiero hacerlo.
Quiero cortarme las venas, quiero tirarme del balcón, quiero golpearme la cara, arrancarme el cabello, no dejar de rasguñarme...
Quiero morir.
Pero tengo miedo al dolor.
VAYA MIERDA DE COBARDE QUE SOY.
Me odio.
Mierda, me odio.
No puedo ni llorar de lo acostumbrada que estoy a mí misma. Es como si mis lágrimas también se hubieran cansado de intentar salir, como si hasta ellas hubieran aprendido a quedarse dentro.
Hay días en los que me encanta lo verde.
Las hojas, los árboles, esa forma tan hermosa que tiene la vida de crecer sin pedir permiso.
Pero también me recuerda lo fácil que me puedo marchitar.
Qué irónico, ¿no?
Algo tan lleno de vida puede morir lentamente sin que nadie lo note.
No quiero morir...
NO QUIERO.
Por favor, alguien rescáteme.
Se lo suplico.
No quiero que mis pensamientos ganen.
No quiero desaparecer.
No quiero convertirme en silencio.
NO QUIERO MORIR.