Qué cosa tan extraña, ¿no? Que el mundo pueda darte la noticia más dolorosa de tu vida y el reloj siga avanzando. Que alguien pueda decirte que una persona que querés ya no está mientras afuera los autos siguen pasando, alguien se ríe en una vereda y el sol entra por una ventana como si nada hubiera sucedido.
Porque el mundo siguió.
El sol salió al día siguiente. La gente fue a trabajar, los chicos fueron al colegio, las canciones siguieron sonando. La vida siguió haciendo todas esas cosas que hacía antes, como si no se hubiera enterado de que la mía había cambiado para siempre.
Sabia que iba a recordar para siempre dónde estaba cuando supe que ya no iba a volver a verte. Y que te iba a extrañar de mil formas que antes no sabia.
Me duele que hayan tantas cosas que todavía puedo recordar y tantas que, con el tiempo y los años, quizá empiece a olvidar.
Pero quiero creer que algún día voy a poder pensar en vos y sonreír antes de llorar.
Hasta entonces, voy a seguir guardándote en estas pequeñas cosas que todavía puedo conservar.