Empiezo a creer que siempre mis dudas están
mal, hasta dónde preguntar algo básico
está mal.
O bueno, nunca pensé así hasta el
momento que tú me dijiste:
«¿Por qué piensas eso?».
Ya que la respuesta era rara,
ooh, yo suponía
una pregunta mal, como el «¿por qué
siempre actuaba diferente?».
Pues tú siempre me hacías
sentir diferente a los demás.
Oh, eso yo siempre he querido creer,
porque, si somos sinceros,
siempre tu actitud era igual
a la de un amigo más.
Nunca hubo una muestra de cariño
recíproco o una forma de que
me hicieras levitar.
Porque mientras todos podían
ver fuegos al besar a sus
parejas, yo solo
sentía tus fríos y duros labios.
Muchas veces quería sentir
esos fuegos artificiales
que me enseñaban esas películas
donde al final terminan felices.
Pero ¿por qué no me enseñaron que en
esas películas había problemas
y se podían siempre resolver?
En cambio, contigo casi todas las
peleas siempre terminaban en
nada.
Pues tú siempre te alejabas
antes de que se pudiera concluir.
Hasta que ese día ya no hubo
más peleas y fue porque yo
decidí irme.
Aunque mis ojos parecieran dos
almejas de lo hinchado,
te puedo asegurar
que en mi vida aceptaré que
me traten con frialdad,
siendo «según» lo que más amas
en la vida.